Comentario
Cerrar podrá mis ojos… de Quevedo
El soneto “Cerrar podrá mis ojos la postrera / sombra…” de Francisco de Quevedo se presenta como una de las cimas de la poesía amorosa del Barroco español. En él, la voz poética imagina el instante de su propia muerte y, lejos de rendirse al silencio, proclama que ni siquiera la desaparición física podrá apagar el fuego de su amor. El poema convierte la muerte en un umbral que el sentimiento traspasa, y así transforma lo que debería ser un final en una afirmación de eternidad.
El tema principal es la permanencia del amor más allá de la muerte. Quevedo no niega la realidad del fin —“Cerrar podrá mis ojos la postrera / sombra”—, sino que la acepta como un hecho natural; lo que le importa es subrayar que, aun cuando el cuerpo deje de existir, la memoria y el deseo seguirán “ardiendo”. El tono es a la vez desafiante y sereno: hay una conciencia clara de la mortalidad, pero también una firme convicción de que el amor posee una fuerza que desafía las leyes humanas. Esa tensión entre lo finito (el cuerpo) y lo infinito (el sentimiento) es la clave de lectura del poema.
Entre los elementos simbólicos, destaca la imagen del fuego como metáfora del amor: “mi llama”, “tanto fuego”, “gloriosamente ardido”. Ese fuego no se extingue con el agua —“nadar sabe mi llama el agua fría”—, lo que sugiere un amor que vence incluso a los elementos contrarios. La muerte aparece como “sombra” y “blanco día”, una paradoja que refleja la visión barroca de la existencia como tránsito entre luz y tiniebla. Otro motivo central es la oposición entre ceniza y sentido: “serán ceniza, mas tendrá sentido; / polvo serán, mas polvo enamorado”. Aquí Quevedo condensa su idea de que, aunque el cuerpo se reduzca a polvo, ese polvo conservará la cualidad de haber amado.
El poema se inscribe en la tradición petrarquista del amor imposible y eterno, pero con un rasgo distintivamente quevediano: la intensidad conceptual y el uso de paradojas para expresar lo inexpresable. La estructura del soneto —dos cuartetos y dos tercetos— permite un desarrollo progresivo: en los cuartetos se plantea la hipótesis de la muerte y la resistencia del amor; en los tercetos, la apelación directa al alma (“Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido”) eleva el discurso a un plano casi metafísico. Esta progresión refleja la concepción barroca del ser humano como criatura dividida entre lo corporal y lo espiritual, pero capaz de trascender esa división mediante el amor.
La relación con otros textos literarios es evidente: el motivo del amor que sobrevive a la muerte aparece en la lírica petrarquista y en la mística española (por ejemplo, en San Juan de la Cruz), pero Quevedo lo lleva a un extremo de dramatismo existencial. No hay aquí dulzura contemplativa, sino una afirmación casi combativa: el amor “perder el respeto a ley severa”. Esa rebeldía frente a la ley de la muerte es lo que da al poema su carácter inolvidable. En última instancia, el soneto invita a leerlo no como una meditación fúnebre, sino como un canto a la capacidad humana de amar con una intensidad que ni el tiempo ni la muerte pueden borrar.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera;
mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
medulas, que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Francisco de Quevedo
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!





