Comentario
Canción 8 de Alberti
En los años del exilio, Rafael Alberti escribió algunos de sus poemas más delicados y emocionantes, y entre ellos ocupa un lugar especial Baladas y canciones del Paraná. «Canción 8» parece, al principio, un poema muy sencillo: unas nubes traen el mapa de España, su sombra cae sobre la hierba y, dentro de esa sombra, el poeta emprende un pequeño viaje hacia su pueblo y su casa. Sin embargo, en esa brevedad cabe un mundo entero, porque el poema convierte el recuerdo en algo casi visible, casi tocable, como si la distancia pudiera vencerse durante unos instantes por medio de la imaginación.
El tema que recorre estos versos es la nostalgia de la tierra perdida, pero aparece expresada con una ligereza muy hermosa, sin dramatismos exagerados. España no surge aquí como una idea abstracta ni como un discurso político, sino como una imagen íntima, cercana y entrañable: un mapa, una sombra, un pueblo, una casa, un patio, una fuente. Todo en el poema parece acercar lo lejano, como si la memoria tuviera el poder de devolver, aunque solo sea por un momento, aquello que el tiempo y la historia arrebataron.
Una de las claves más bonitas de la composición está en su aire de sueño. Las nubes llevan «volando» el mapa de España y la sombra de ese mapa se vuelve tan grande que el poeta puede recorrerla «a caballo». No importa que esa escena no sea real en un sentido literal: en poesía, muchas veces la verdad está precisamente en esas imágenes imposibles que expresan mejor que ninguna explicación lo que alguien siente. Aquí la imagen dice con gran naturalidad que el país perdido sigue vivo en la imaginación del desterrado, y que su verdadera patria, en ese instante, es esa sombra donde todavía puede buscar «mi pueblo y mi casa».
También emociona la manera en que Alberti convierte lo humilde en algo inolvidable. No recuerda un gran monumento ni un paisaje solemne: recuerda un patio y una fuente. Y, sin embargo, ese rincón cotidiano adquiere una fuerza enorme cuando afirma que, aunque la fuente ya no estaba, «la fuente siempre sonaba». En ese verso late una idea muy humana: lo que ya no existe en la realidad puede seguir sonando por dentro. La memoria no reproduce el pasado tal como fue, sino que lo mantiene vivo de otro modo, más íntimo y más hondo.
El tono del poema es suave, melancólico y, al mismo tiempo, sereno. No hay rabia ni queja abierta, sino una emoción contenida que hace aún más intensa la lectura. La repetición de algunas palabras, como «sombra», «fuente» y «agua», ayuda a crear una música envolvente, como si el poema quisiera demorarse en aquello que ama para que no desaparezca del todo. En esa música sencilla se reconoce también la herencia de la poesía popular, tan importante en un autor vinculado a la Generación del 27, capaz de unir claridad y emoción con una naturalidad admirable.
Leído despacio, «Canción 8» deja la impresión de un regreso imposible y verdadero al mismo tiempo. Imposible, porque el poeta está lejos y sabe que nada puede devolverle del todo lo perdido; verdadero, porque durante unos versos la poesía logra abrir un espacio donde el país ausente, la casa y la infancia vuelven a respirar. Esa es la delicadeza de Alberti en este poema: hacer que una escena casi irreal resulte profundamente cercana, y que unas pocas imágenes basten para decir algo que pertenece a muchas vidas, la experiencia de seguir habitando con el corazón aquello que ya solo existe en el recuerdo.
Audio: Víctor Villoria
Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España.
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!
Se le llenó de caballos
la sombra que proyectaba.
Yo, a caballo, por su sombra
busqué mi pueblo y mi casa.
Entré en el patio que un día
fuera una fuente con agua.
Aunque no estaba la fuente,
la fuente siempre sonaba.
Y el agua que no corría
volvió para darme agua.
Rafael Alberti, Baladas y canciones del Paraná, 1953-54
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!









