El viaje definitivo de Juan Ramón Jiménez

Foto del autor

By Víctor Villoria

El viaje definitivo de Juan Ramón Jiménez

En Poemas agrestes (1910-11), Juan Ramón Jiménez contempla la fugacidad humana frente a la permanencia de la naturaleza. El poema «El viaje definitivo» establece un contraste fundamental: mientras el poeta desaparece, «los pájaros» seguirán cantando, el huerto permanecerá verde, las tardes serán azules y las campanas sonarán. Esta anáfora obsesiva sobre la continuidad del mundo acentúa por contraste la vanidad individual. El «huerto» y el «pozo blanco» representan símbolos de arraigo y pertenencia que se pierden con la muerte, mientras que su permanencia constituye la paradoja dolorosa del poema: el mundo no necesita al poeta para seguir siendo hermoso.

La estrofa central revela la escala temporal ampliada: «Se morirán aquellos que me amaron / y el pueblo se hará nuevo cada año». Aquí la muerte trasciende lo individual para plantear una meditación sobre la condición humana. El poeta observa desde su «rincón secreto» la existencia ordinaria—«el coche de las cinco, de las siestas del baño»—distante y ajeno, marcando su condición de observador marginal, simultaneando belleza e inadaptación.

La conclusión alcanza su fuerza máxima con «Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol / verde, sin pozo blanco». El «seré otro» implica perder toda identidad y vinculación con los símbolos constitutivos del ser. El regreso final a «se quedarán los pájaros cantando» cierra el círculo con devastadora fuerza: la indiferencia cósmica prevalece. Lo extraordinario es que Juan Ramón acepta esta indiferencia con lucidez serena, sin reclamar importancia contra ella. Esta aceptación de la propia insignificancia, expresada con delicadeza formal que contrasta con la dureza de su verdad, constituye la madurez artística juanramoniana: la belleza alcanzada mediante la plena contemplación del dolor.

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostáljico…

Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

Juan Ramón Jiménez, Poemas agrestes, 1910-11

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

    Ver todas las entradas

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies