Hernando de Acuña ¡Oh, celos!

Foto del autor

By Víctor Villoria

Oh celos de Hernando de Acuña

En este soneto, el poeta Hernando de Acuña, figura destacada del Renacimiento español y soldado de su tiempo, convierte los celos en un enemigo casi cósmico. El poema arranca con una exclamación vehemente, «¡Oh, celos, mal de cien mil males lleno!», que ya sitúa a quien lee ante una experiencia afectiva desbordada, llevada al extremo. No se trata de una simple queja amorosa, sino de una auténtica acusación: los celos son un «interior daño» y una fuerza «poderoso y fuerte», peor incluso que la propia muerte, porque son capaces de «turbar lo más sereno». Desde el inicio, la emoción se presenta como una amenaza invisible que corrompe lo que debería ser apacible y luminoso.

El tema central es, por tanto, el de los celos como enfermedad del alma, un mal que actúa desde dentro y que desestabiliza al sujeto. El primer cuarteto contrapone la idea de una muerte súbita, «rabiosa», con el trabajo lento y silencioso de los celos, que resultan «peor mil veces». El dolor físico queda así relegado frente a un sufrimiento moral que se prolonga en el tiempo. En esta perspectiva, la experiencia de los celos no se presenta como un simple arrebato pasajero, sino como un estado prolongado que distorsiona la percepción, rompe la paz interior y altera la confianza en el mundo. La hipérbole de «cien mil males» subraya ese carácter excesivo y acumulativo, como si cada pequeño recelo sumara un daño más al espíritu.

El segundo cuarteto despliega una de las imágenes más memorables del soneto: la de la «ponzoñosa serpiente, que en el seno / te crías». En la tradición simbólica, la serpiente concentra ideas de engaño, traición, veneno y tentación; aquí, además, se aloja en el «seno», es decir, en lo más íntimo. Los celos no llegan desde fuera, sino que se incuban en el interior de la persona, hasta el punto de convertir el «próspero sujeto» en «adversa suerte». El poema insiste en ese contraste: aquello que era «sabroso manjar» se transforma en «crüel veneno». Esta inversión es clave: lo que debería nutrir y dar placer —el amor correspondido, la relación feliz— se torna dañino precisamente por la mirada celosa, que contamina todo lo que toca. El soneto, de este modo, propone una lectura muy moderna del fenómeno: no es el objeto amado quien cambia, sino la percepción envenenada del amante.

En los tercetos, el poeta recurre a una serie de preguntas retóricas que intensifican el dramatismo: «¿De cuál valle infernal fuiste salido? / ¿Cuál furia te formó?». La imaginación de Hernando de Acuña proyecta los celos hacia un paisaje infernal, poblado por «furias», figuras mitológicas encargadas de castigar los crímenes más graves. Esa asociación con el mundo subterráneo y con la venganza divina refuerza la dimensión moral del poema: los celos se equiparan a un castigo desproporcionado que no parece proceder de la naturaleza, puesto que «natura / nada formó que no sirviese al hombre». Al preguntarse también «¿En qué constelación fuiste nacido?», el texto sugiere que ni siquiera el orden del cielo, regido por los astros, puede justificar la existencia de un mal tan devastador. Hay, por tanto, una tensión entre el ideal renacentista de un cosmos armónico y racional, y la irrupción de una pasión que rompe esa armonía.

¡Oh, celos, mal de cien mil males lleno,
interior daño, poderoso y fuerte,
peor mil veces que rabiosa muerte,
pues bastas a turbar lo más sereno!

Ponzoñosa serpiente, que en el seno
te crías, donde vienes a hacerte
en próspero sujeto adversa suerte
y en sabroso manjar crüel veneno.

¿De cuál valle infernal fuiste salido?
¿Cuál furia te formó?, porque natura
nada formó que no sirviese al hombre.

¿En qué constelación fuiste nacido?
Porque no sólo mata tu figura,
pero basta a más mal sólo tu nombre.

Hernando de Acuña

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

    Ver todas las entradas

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies