A la luna de Diego Hurtado de Mendoza

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By Víctor Villoria

A la luna de Diego Hurtado de Mendoza

Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575), poeta, diplomático y humanista del Renacimiento español, cultivó tanto la poesía italianizante de tono elevado como la vertiente burlesca y satírica. Este soneto pertenece a su producción más irreverente, aquella en la que desmitifica y ridiculiza uno de los elementos más poetizados de la tradición lírica: la luna. Frente a la tradición que la presenta como astro noble, símbolo de belleza y musa de poetas, Hurtado de Mendoza la convierte aquí en objeto de un ataque feroz y desacralizador. El tono es de sátira mordaz, de burla despiadada que emplea un lenguaje deliberadamente vulgar, coloquial y lleno de referencias escatológicas. Se trata de un ejemplo perfecto de la poesía burlesca del Siglo de Oro, género que convive con la lírica seria y que constituye una cara menos conocida pero igualmente relevante de la producción poética renacentista.

El tema central es la desmitificación burlesca de la luna mediante su caracterización como una figura femenina repulsiva, grotesca e hipócrita. El poeta se dirige a ella con un tratamiento de cortesía irónico —«doña Bellaca»— que contrasta violentamente con los atributos repugnantes que le atribuye. Esta contradicción entre el trato formal y la descripción degradante es la base del humor satírico del poema. La estructura del soneto es clásica: dos cuartetos que plantean preguntas retóricas burlescas sobre las características de la luna, seguidos de dos tercetos que desarrollan el ataque y culminan con una comparación final especialmente grosera.

El primer cuarteto presenta a la luna como «cazadora gorda y flaca», alusión probable a Diana, diosa de la caza identificada con la luna en la mitología clásica. Sin embargo, lejos de la belleza virginal de la diosa, esta cazadora padece un catarro perpetuo: «nunca os falta el moco y romadizo». La pregunta irónica que sigue intensifica la burla: si presume de linaje elevado («si de casta os preciáis»), ¿por qué «un pastor a oscuras os hizo»? La referencia al pastor alude al mito de Endimión, el hermoso pastor del que se enamoró Selene (la luna), pero aquí el encuentro amoroso se degrada a un acto furtivo y vergonzoso («a oscuras»), propio de amores ilícitos y no de historias mitológicas sublimes.

El segundo cuarteto continúa con la degradación mediante imágenes de animalidad y voracidad repugnantes. La luna se «ceba» (se alimenta con avidez) «en la matadura de una haca» (las llagas infectadas de una yegua), imagen que asocia al astro con carroña y podredumbre. A continuación, el poeta le pregunta por qué trae consigo «el mar espantadizo» (las mareas, que efectivamente están influidas por la luna), con el que podría «sorber una carraca» (un tipo de embarcación). Esta acumulación de imágenes grotescas —mocos, llagas, voracidad desmedida— transforma a la luna de símbolo poético en criatura monstruosa y repulsiva.

El primer terceto introduce el tema de la hipocresía y la vanidad. «Todos la llaman luna a trochemoche» (sin distinción, indiscriminadamente) y ella «tráenos el seso a la redonda» (nos vuelve locos, nos hace perder el juicio) «con esta vanidad e hipocresía». La luna se presenta aquí como farsante que disfruta del engaño colectivo, haciéndose pasar por lo que no es. La acusación de hipocresía es central: la luna finge ser luminosa, bella, digna de admiración, cuando en realidad carece de luz propia.

El terceto final contiene el golpe definitivo de la sátira. El poeta revela la verdad esencial: la luna no brilla por sí misma, sino que refleja la luz del sol. «Si el sol no alumbrase a la cachonda» (el adjetivo «cachonda» añade connotaciones sexuales degradantes), «no alcanzaría más luz su señoría» (el tratamiento de cortesía vuelve a ser irónico) «que el rabo de una negra a media noche». Esta comparación final es especialmente violenta: reduce todo el supuesto esplendor lunar a la negrura absoluta, comparándola con la parte más oscura (el trasero) de una persona de piel negra en la noche más cerrada. La imagen es deliberadamente ofensiva y busca el impacto máximo mediante la acumulación de elementos que significan oscuridad total.

Este soneto ejemplifica la vertiente burlesca de la poesía áurea, cultivada por autores como Francisco de Quevedo y Luis de Góngora en el siglo siguiente. El uso de un lenguaje coloquial, vulgar y escatológico contrasta radicalmente con el registro elevado de la lírica seria renacentista, demostrando la versatilidad de los poetas del Siglo de Oro y su capacidad para transitar entre registros opuestos. La técnica de degradar elementos tradicionalmente poéticos (la luna, el amor mitológico, la belleza femenina) mediante comparaciones groseras y situaciones vulgares es característica de esta corriente satírica. El soneto de Hurtado de Mendoza no solo ataca a la luna como objeto astronómico, sino que constituye una parodia de toda la tradición poética que la idealiza, revelando con humor corrosivo la falsedad de las convenciones literarias y demostrando que la belleza poética puede coexistir con la degradación más extrema dentro del marco formal perfecto del soneto.

A vos, la cazadora gorda y flaca,
que nunca os falta el moco y romadizo,
¿por qué un pastor a oscuras os hizo,
si de casta os preciáis, doña Bellaca?

Y si en la matadura de una haca
os cebáis al entrar por cobertizo,
¿por qué traéis el mar espantadizo,
con que os podéis [sorber] una carraca?

Todos la llaman luna a trochemoche,
y tráenos el seso a la redonda
con esta vanidad e hipocresía;

pues, si el sol no alumbrase a la cachonda,
no alcanzaría más luz su señoría
que el rabo de una negra a media noche.

Diego Hurtado de Mendoza

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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