Comentario
Apología y petición de Gil de Biedma
El poema “Apología y petición”, de Jaime Gil de Biedma, forma parte del libro Moralidades, publicado en 1966, y es uno de los textos centrales de su obra comprometida con la denuncia social. El verso inicial, “Y qué decir de nuestra madre España, este país de todos los demonios”, introduce de inmediato una visión crítica y casi irónica del país, retratado como un espacio donde el mal gobierno y la pobreza no son solo males concretos, sino casi un destino místico, una “absolución final de nuestra historia”. El poema se mueve entre la ironía y la rigurosa reflexión, pues el hablante repite varias veces que piensa en la pobreza y en los hombres de ese “país de todos los demonios”, y luego se plantea una alternativa: imaginar otra España, distinta, donde sí se mida el impacto de un mal gobierno.
La tensión fundamental del texto radica en el contraste entre el discurso fatalista que atribuye la pobreza a una maldición o a los “demonios” y la afirmación de que en realidad quienes rigen el sufrimiento son personas: “Son hombres los que pagan al gobierno, los empresarios de la falsa historia, son hombres quienes han vendido al hombre”. Con esta frase, el poema rompe con cualquier visión mítica o determinista y señala a los responsables concretos, acercándose al espíritu de la poesía social y a las preocupaciones de la Generación del 50, aunque sin renunciar al tono irónico y a la ironía propia de Jaime Gil de Biedma. La poesía funciona aquí como una especie de “petición” final: el hablante pide que España expulse a esos demonios, que la pobreza suba hasta el gobierno y que el hombre se haga dueño de su propia historia, cerrando así un poema que combina denuncia política y reflexión moral.
El tema principal del poema es la relación entre pobreza, responsabilidad política y el discurso que justifica la miseria como algo inevitable o metafísico. El tono parte de la ironía mordaz y la indignación contenida para terminar en una afirmación casi testimonial: “Quiero creer que nuestro mal gobierno es un vulgar negocio de los hombres y no una metafísica”. Esta frase resume la idea clave de que el sufrimiento social no es fruto de un destino sagrado, sino de decisiones históricas encarnadas en personas concretas. El poema se sostiene en repeticiones como “a menudo he pensado” o “ese país de todos los demonios”, que refuerzan la impresión de un pensamiento que va y viene, que se repite porque el problema no se resuelve, y que subraya el hábito de la reflexión responsable.
Entre los elementos simbólicos destacan los “demonios”, que funcionan como metáfora de una culpa difusa y de una historia que se ha convertido en excusa. Cuando el hablante afirma “Porque quiero creer que no hay demonios”, rompe con esa metáfora y reintroduce a la figura del hombre, volviendo a la dimensión concreta de la responsabilidad. La palabra “Moralidades” en el título del libro también remite a un planteamiento ético: no se trata solo de describir la pobreza, sino de juzgarla y de interrogarse por quién la sostiene. En este sentido, el poema dialoga con otras piezas de la poesía social de la España de los años sesenta, que se preocupa por la justicia, la hipocresía y la relación entre el individuo y la historia colectiva.
El poema se puede leer también como una reflexión sobre la relación entre historia y libertad. Mientras España se presenta como un país resignado a su destino, el hablante se rebela contra la idea de que el curso de la historia sea ineludible. La frase “que es tiempo aún para cambiar su historia / antes que se la lleven los demonios” insinúa la idea de un horizonte de cambio, de una historia que todavía puede ser intervenida. El cierre, con la petición de que sean los hombres quienes se hagan dueños de su historia, remite a una visión humanista y casi existencial: el poeta no habla de masas abstractas, sino de sujetos concretos que, incluso en medio de la pobreza, pueden asumir la responsabilidad de transformar su realidad. Así, el poema funciona como una especie de “apología” del pensamiento crítico y una “petición” de cambio, en el más amplio sentido de la literatura comprometida.
Audio: Víctor Villoria
Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?
De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.
Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.
A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.
Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.
Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.
Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.
Jaime Gil de Biedma, Moralidades, 1966
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Autor
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Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!
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