Comentario
Casida de la mujer tendida de García Lorca
El poema Casida de la mujer tendida, incluido en Diván del Tamarit, invita a contemplar un cuerpo desnudo como si fuera un paisaje primigenio. La voz poética habla desde la fascinación y el deseo, pero también desde un lugar de extrañamiento. No se trata de una descripción erótica al uso, sino de un intento por captar cómo la desnudez devuelve a la memoria una Tierra originaria, “lisa, limpia de caballos”, como si el cuerpo evocara un mundo anterior a toda huella humana.
El tema central es la identificación entre cuerpo y Tierra, pero no de forma idílica. La Tierra que se recuerda al ver desnuda a la amada es una “forma pura / cerrada al porvenir: confín de plata”. La imagen sugiere belleza, sí, pero también distancia, un límite que no se puede cruzar. En ese espacio, el deseo se mezcla con la nostalgia de algo que se intuye inalcanzable. El poema juega con la idea de que el cuerpo amado es un territorio que se contempla, se desea, pero que guarda siempre su propio misterio.
Las comparaciones que se despliegan reflejan la sensibilidad de la Generación del 27 y su interés por el surrealismo. La “lluvia que busca débil talle” convierte un fenómeno natural en un gesto de deseo. La “fiebre del mar de inmenso rostro / sin encontrar la luz de su mejilla” dibuja a la naturaleza como una fuerza gigantesca que se despliega en vano, incapaz de alumbrar del todo la belleza humana. Estas imágenes ponen de manifiesto cómo Federico García Lorca convertía la anatomía en geografía: el cuerpo no se describe, se reinventa.
En los versos centrales aparece un giro inesperado. La sangre “sonará por las alcobas” y “vendrá con espadas fulgurantes”. De repente, la intimidad se ve atravesada por la violencia. La sangre, que podría ser signo de vida y pasión, se vuelve presagio de heridas. Junto a esto, el poema menciona “el corazón de sapo o la violeta”, una yuxtaposición extraña entre lo repulsivo y lo delicado. Esta mezcla de elementos opuestos sugiere que en la intimidad del cuerpo hay zonas de sombra que ni siquiera el amor logra desvelar.
Los dos últimos versos intensifican la sensación de inquietud. El vientre es “una lucha de raíces”, imagen que combina crecimiento y tensión. Los labios son “un alba sin contorno”, una luz que no acaba de definirse. Y bajo “las rosas tibias de la cama”, el lugar del placer, “los muertos gimen esperando turno”. Esta frase resume una de las claves del poema: la certeza de que bajo cada gesto de amor y cada goce se agazapa la muerte. La cama, espacio de la vida, se convierte también en umbral para los muertos.
La estructura del poema repite al inicio “Verte desnuda es…”, creando un ritmo meditativo que acumula significados. No se trata de una simple descripción, sino de una serie de revelaciones que se suceden como capas. Cada imagen añade una nueva dimensión: la Tierra, la lluvia, el mar, la sangre, las raíces, la muerte. El lector puede seguir este hilo sin necesidad de dominar tecnicismos; basta con dejarse llevar por la fuerza de las metáforas y percibir cómo el cuerpo se convierte en paisaje, el deseo en fuerza cósmica, y el amor en encuentro con la finitud.
Audio: Víctor Villoria
Verte desnuda es recordar la Tierra,
la Tierra lisa, limpia de caballos.
La Tierra sin un junco, forma pura
cerrada al porvenir: confín de plata.
Verte desnuda es comprender el ansia
de la lluvia que busca débil talle,
o la fiebre del mar de inmenso rostro
sin encontrar la luz de su mejilla.
La sangre sonará por las alcobas
y vendrá con espadas fulgurantes,
pero tú no sabrás dónde se ocultan
el corazón de sapo o la violeta.
Tu vientre es una lucha de raíces,
tus labios son un alba sin contorno.
Bajo las rosas tibias de la cama
los muertos gimen esperando turno.
Federico García Lorca, Diván del Tamarit, 1938
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Autor
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Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!
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