Comentario
El poeta dice la verdad de Lorca
Lorca escribe un poema en el que el amor se presenta como un sentimiento tan intenso que roza lo violento, lo nocturno y lo mortal. El tema principal es el amor como experiencia dolorosa y que exige un sacrificio. El poeta no habla de un sentimiento dulce, sino de una pasión que duele tanto que se desborda en lágrimas, en deseo de destruir y en imágenes de muerte. El “quiero llorar mi pena” con el que se abre el poema ya anticipa que lo que se va a decir no es un elogio despreocupado del amor, sino una confesión íntima y dolorida. El amor se convierte en un lugar de sufrimiento compartido, donde la otra persona no solo escucha, sino que se ve implicada en el llanto y en la escena nocturna que el poeta imagina.
El tono es apasionado, dramático y carnal. Se nota una mezcla de ternura y violencia, como cuando el verso pide llorar “en un anochecer de ruiseñores, / con un puñal, con besos y contigo”. Aquí, el contraste entre “besos” y “puñal” crea una tensión muy característica de la poesía de Lorca: el amor y la muerte viven en el mismo espacio. El “puñal” no tiene por qué ser real, pero funciona como símbolo de una pasión que corta, que hiere y que, a la vez, resulta necesaria para expresar la intensidad del sentimiento.
En el poema aparecen varios elementos simbólicos que ayudan a entender mejor su sentido. El “único testigo” que el poeta quiere eliminar alude, probablemente, a la razón o a la conciencia que observa el “asesinato de mis flores”, es decir, la destrucción de lo bello y lo puro que supone abandonarse al amor. Las “flores” son símbolo de juventud, belleza y pureza, y su “asesinato” sugiere que el amor oscuro que describe Lorca no perdona ni lo inocente. El “llanto” y el “sudor” se transforman, además, en “eterno montón de duro trigo”, una imagen que conecta el dolor con la fecundidad y el trabajo: el sufrimiento amoroso se convierte en algo que, aunque duro, sirve para algo, como un grano que alimenta.
Otro núcleo simbólico importante es la trama amorosa interminable que se describe en el verso “Que no se acabe nunca la madeja / del te quiero me quieres, siempre ardida”. La “madeja” recuerda a lo que en literatura se llama motivo del hilo: el hilo que se desenrolla, que enreda, que tarda en terminar y que, a veces, termina asfixiando. El amor se representa como un hilo que no acaba, que se consume en un fuego constante “con decrépito sol y luna vieja”, como si fuera una pasión que sobrevive incluso cuando todo está cansado, quemado, gastado por el tiempo.
Lorca también juega con la distribución del deseo y la falta. El verso “Que lo que no me des y no te pida / será para la muerte, que no deja / ni sombra por la carne estremecida” es especialmente denso. Aquí, lo que queda fuera del intercambio amoroso explícito —lo que no se da ni se pide— se reserva a la muerte, que es tan voraz que ni deja una sombra sobre el cuerpo. La expresión “carne estremecida” vuelve a subrayar la dimensión física y casi palpitante del amor, que no se limita a la mente o al corazón, sino que recorre todo el cuerpo.
En cuanto a claves de lectura más amplias, este soneto dialoga con una tradición de poesía amorosa que no teme mostrar la oscuridad del sentimiento. Se puede relacionar, por ejemplo, con la manera en que otros poetas de la generación del 27 abordan temas como el deseo, la soledad y la muerte. Sin embargo, Lorca añade un extra de crudeza y de sensibilidad corporal que lo acerca también a corrientes más modernas que exploran la intimidad sin eufemismos. El uso de la estructura clásica del soneto encaja muy bien con este contenido violento y carnal, porque el orden formal del verso contiene y organiza una emoción que, por sí misma, sería casi incontrolable.
En conjunto, el poema nos presenta un amor que no se vive como felicidad tranquila, sino como combate, entrega y sacrificio. El poeta pide llorar, matar, quemarse, trabajar su dolor como si fuera un campo de trigo. Todo esto se condensa en un tono apasionado y dramático, en el que palabras como “ruiseñores”, “puñal”, “flores”, “trigo”, “madeja”, “sol” y “luna” se cargan de significados más profundos que los meramente literales. Leerlo con atención permite descubrir cómo, detrás de cada imagen, late una experiencia emocional intensa que Lorca nos permite compartir sin velos.
Audio: Víctor Villoria
Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores,
con un puñal, con besos y contigo.
Quiero matar al único testigo
para el asesinato de mis flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.
Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.
Que lo que no me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida.
Federico García Lorca, Sonetos del amor oscuro, 1924-36
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Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!
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