Esta tarde mi bien de Sor Juana Inés.

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By Víctor Villoria

Esta tarde mi bien de Sor Juana Inés de la Cruz

En estos catorce versos, Sor Juana Inés de la Cruz imagina una escena íntima y muy concreta: alguien trata de convencer a la persona amada de que sus celos no tienen fundamento. El poema funciona casi como un pequeño drama en dos actos. En los cuartetos se narra lo sucedido “esta tarde”, cuando las palabras no bastaban y la hablante deseaba literalmente que el otro “viese” su corazón. En los tercetos, en cambio, aparece la súplica más serena, casi razonada: “Baste ya de rigores, mi bien, baste”. Así se mezcla el ardor de la emoción con un tono que busca la calma y la reconciliación.

El tema central es el de los celos amorosos, tan característico de la poesía del Barroco. La voz que habla se siente herida porque el ser querido no se fía de su cariño, pero al mismo tiempo se muestra dispuesta a probar ese amor por todos los medios. De ahí la importancia de las lágrimas y del cuerpo: “pues entre el llanto que el dolor vertía, / el corazón deshecho destilaba”. El sufrimiento se vuelve casi visible, casi tangible, hasta el punto de que el corazón puede “verse” y “tocarse”. El tono es apasionado, pero no descontrolado: hay una voluntad clara de convencer, de argumentar, incluso de educar afectivamente al celoso.

Uno de los caminos de lectura más sugerentes pasa por la simbología del cuerpo y del llanto. El “corazón deshecho” es una metáfora fácil de entender: representa un interior desgarrado por la pena. Pero Sor Juana va más allá: ese corazón “destila” y se convierte en “líquido humor”, es decir, en lágrimas. De este modo, la emoción interior se traduce en un signo visible en el rostro. El poema insiste en esta idea de la prueba física del amor: el amado ya no solo oye palabras, sino que “en líquido humor viste y tocaste / mi corazón deshecho entre tus manos”. La metáfora se vuelve casi escena teatral, con dos personajes frente a frente, uno llorando y el otro viendo y tocando.

Las figuras retóricas, es decir, los recursos expresivos que embellecen y refuerzan el mensaje, ayudan a entender mejor la intensidad de esta situación. El hipérbaton —el desorden aparente de las palabras— contribuye a crear un ritmo envolvente: “pues entre el llanto que el dolor vertía” coloca al final el verbo “vertía” para subrayar el movimiento del llanto, como si la frase se demorara en la imagen. La hipérbole, la exageración poética, aparece en “mi corazón deshecho entre tus manos”, que no debe leerse literalmente, sino como una forma poderosa de expresar hasta qué punto se ha expuesto la propia intimidad. Y la personificación convierte al Amor en un aliado activo: “Y Amor, que mis intentos ayudaba, / venció lo que imposible parecía”, como si el dios Amor interviniera para que el sentimiento llegue, por fin, al otro.

En el terceto que comienza con “Baste ya de rigores, mi bien, baste” se abre otro registro. La repetición de “baste” es una forma sencilla y eficaz de insistir: se trata de una súplica firme, cansada del sufrimiento. Los “celos tiranos” y el “vil recelo” se enfrentan a la “quietud” deseada, es decir, a la paz de un amor sin sospechas. Sor Juana recurre aquí a la antítesis, la contraposición de ideas opuestas, para dejar claro el contraste entre la perturbación de los celos y la tranquilidad a la que se aspira. Las “sombras necias” y los “indicios vanos” nombran esas sospechas infundadas que enturbian la relación sin tener una base real.

Este soneto dialoga con una larga tradición de poesía amorosa heredera del petrarquismo, donde el llanto, los suspiros y el corazón llagado son imágenes frecuentes para representar la pasión. Sin embargo, Sor Juana introduce matices propios: no se limita a llorar, sino que organiza la escena como una especie de pequeña lección sentimental. Primero muestra el fracaso de la palabra (“como en tu rostro y en tus acciones vía / que con palabras no te persuadía”), luego entra en juego el lenguaje del cuerpo y de las lágrimas, y finalmente llega el razonamiento que invita a abandonar los celos. Así, el poema mezcla emoción intensa y una especie de pedagogía del amor, rasgo muy característico de la escritura de una autora que, en pleno Barroco, reflexiona sobre cómo se sienten y cómo se manejan los afectos.

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y en tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba.

Y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos:
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.

Sor Juana Inés de la Cruz

Autor del audio: Blanca Portillo.

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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