Comentario
Para la libertad de Miguel Hernández
En el fragor de la Guerra Civil Española, cuando las trincheras definían lealtades y los ideales se sellaban con sangre, Miguel Hernández compone un grito poético que trasciende el campo de batalla. Este poema emerge de Viento del pueblo, libro publicado en 1937 donde el autor de Orihuela fusiona la tradición popular con la urgencia del combate. La voz lírica se presenta como un combatiente que ofrece su cuerpo al sacrificio, no por vanagloria, sino por un anhelo profundo que da sentido a cada herida.
La libertad late como motor vital en cada verso, repetida al inicio de las estrofas en un recurso anafórico —es decir, la reiteración que marca el pulso emocional del poema— que imprime un ritmo marcial y orante. Frente al horror de las «cuencas vacías» y la «carne talada», el hablante lírico invoca una regeneración natural, comparándose con un «árbol carnal» que «retoña» sin otoño, símbolo de la poesía social de su época donde la vida colectiva prevalece sobre la muerte individual. Esta fe en la resurrección colectiva evoca ecos de la tradición bíblica y popular, similar a los cantos de resistencia en la lírica de Antonio Machado, pero con la visceralidad pastoril de Hernández.
Las imágenes sensoriales dominan: «sangro», «balazos», «espumas mis venas», creando una poesía del cuerpo herido que hace palpable el coste de la lucha. La métrica libre, con versos alejandrinos que fluyen como sangre, abandona la estricta regularidad para abrazar la intensidad del momento histórico. Culmina en una afirmación rotunda —»porque aún tengo la vida»— que transforma el dolor en victoria potencial, invitando a descubrir en la mutilación física la intacta fuerza del espíritu humano.
Para la libertad sangro, lucho, pervivo,
para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.
Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.
Miguel Hernández, Viento del pueblo, 1937
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Autor
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Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!
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