Comentario
Alcé los ojos de Diego Hurtado de Mendoza
En este soneto de Diego Hurtado de Mendoza, el poeta articula el tema de la pérdida del bien amoroso a través de la metáfora de la navegación, uno de los recursos más frecuentes en la lírica del Renacimiento español. El tono es melancólico y autorreprochador: el poeta llora el descanso perdido, reconoce su propia culpa en esa pérdida, y narra cómo una borrasca repentina destruyó la bonanza en que navegaba, como si los cuatro elementos del universo conspiraran contra él.
El primer cuarteto establece inmediatamente el estado de desolación del poeta. «Alcé los ojos, de llorar cansados» presenta a un hombre que levanta la mirada tras un llanto prolongado, buscando «el descanso que solía», es decir, el sosiego o la felicidad que antes experimentaba. La expresión «que solía» subraya la habitualidad de ese bien perdido, algo que era parte de su vida cotidiana. Pero al buscar ese descanso «donde solía» encontrarlo, descubre que ya no está ahí, y por eso baja de nuevo los ojos «con lágrimas bañados». Esta circularidad —alzar los ojos buscando consuelo, no encontrarlo, volver a bajarlos llorando— crea una imagen de encierro en el dolor, de imposibilidad de escapar del sufrimiento.
El segundo cuarteto introduce el elemento de la culpa propia. «Si algún bien yo hallaba en mis cuidados, / cuando por más contento me tenía»: el poeta recuerda cuando encontraba felicidad («bien») en sus preocupaciones amorosas («cuidados», término que en la lírica renacentista se refiere a las inquietudes del amante). En ese momento de máxima satisfacción, «la perdí por culpa mía». Esta admisión de responsabilidad es notable: no culpa a la fortuna, a la amada o a circunstancias externas, sino que reconoce que él mismo causó la pérdida. Por tanto, «razón es que los llore ahora doblados», es decir, que llore ahora con doble intensidad, tanto por la pérdida misma como por ser culpable de ella. El adverbio «doblados» sugiere que el dolor se multiplica cuando se sabe que podría haberse evitado.
Los tercetos desarrollan la metáfora náutica que constituye la columna vertebral simbólica del poema. «Tendí todas las velas en bonanza» evoca la imagen de un navegante que, en tiempo tranquilo, despliega todas sus velas confiado. La expresión «sin recelar humano entendimiento» significa sin sospechar ni temer nada, confiando plenamente en que la situación favorable continuaría. El término «humano entendimiento» se refiere a la capacidad de previsión o prudencia humana, que el poeta no ejerció. Entonces, repentinamente, «alzose una borrasca de mudanza». La palabra «mudanza» (cambio, variación, inconstancia) es clave: no se trata de una tormenta física sino de una «borrasca» causada por el cambio, probablemente la inconstancia de la amada o un cambio en las circunstancias amorosas.
El verso final del primer terceto y los dos del segundo constituyen una hipérbole cósmica: «como si tierra y mar y fuego y viento / no me fueran en contra mi esperanza, / y castigaran solo el sufrimiento». Los cuatro elementos clásicos —tierra, agua (mar), fuego y aire (viento)— se presentan como fuerzas hostiles que conspiran contra la «esperanza» del poeta. La estructura «como si… no me fueran en contra… y castigaran solo» es compleja sintácticamente pero su sentido es claro: es como si todos los elementos del universo no solo atacaran su esperanza sino que además castigaran específicamente su «sufrimiento», es decir, su capacidad de resistencia y paciencia. Esta idea de que incluso el aguante es castigado añade una dimensión de injusticia cósmica: no basta con sufrir; el universo entero parece empeñado en destruir también la fortaleza con que se soporta ese sufrimiento.
La metáfora de la navegación amorosa era un tópico extendido en la poesía petrarquista, siguiendo el modelo de Francesco Petrarca y otros poetas italianos. En esta tradición, el amor se compara con un viaje marítimo lleno de peligros: la amada es el puerto deseado, los obstáculos son tormentas, y el amante es el navegante que debe sortear escollos. Hurtado de Mendoza emplea esta metáfora con efectividad particular al contrastar la «bonanza» inicial (la confianza y felicidad del amor correspondido o esperanzado) con la «borrasca de mudanza» (el cambio repentino que destruye esa felicidad). El hecho de que haya «tendido todas las velas» sugiere que se entregó completamente, sin reservas ni precauciones, lo que magnifica el desastre cuando llega la tormenta.
El poema participa también del tópico de la fortuna mudable, central en la literatura medieval y renacentista. La idea de que la felicidad humana es inestable, de que la fortuna puede cambiar súbitamente de favorable a adversa, permea toda la lírica de la época. Lo particular de este soneto es que el poeta no culpa directamente a la fortuna sino que se culpa a sí mismo («por culpa mía»), aunque luego presenta la tormenta como si fuera un castigo cósmico desproporcionado. Esta tensión entre responsabilidad personal y fuerza del destino refleja una de las preocupaciones fundamentales del pensamiento renacentista: ¿hasta qué punto el ser humano controla su destino y hasta qué punto está sometido a fuerzas superiores?
Audio: Víctor Villoria
Alcé los ojos, de llorar cansados
Alcé los ojos, de llorar cansados,
por tornar al descanso que solía;
y como no lo vi donde solía
abajelos con lágrimas bañados.
Si algún bien yo hallaba en mis cuidados,
cuando por más contento me tenía,
pues que ya la perdí por culpa mía,
razón es que los llore ahora doblados.
Tendí todas las velas en bonanza,
sin recelar humano entendimiento;
alzose una borrasca de mudanza,
como si tierra y mar y fuego y viento
no me fueran en contra mi esperanza,
y castigaran solo el sufrimiento.
Diego Hurtado de Mendoza.
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Autor
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Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!
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