Romance del conde Niño
El conde Niño, movido por el amor, cruza el mar y llega a dar agua a su caballo en la mañana de San Juan. Mientras el animal bebe, él entona un cantar tan dulce y hermoso que todas las aves del cielo se detienen a escucharlo. La reina, que está bordando, oye el canto y despierta a su hija Albaniña, creyendo que se trata de una sirenita del mar. Pero la joven reconoce la voz: es el conde Niño, que pena de amor por ella hasta el punto de morir. La madre, llena de ira porque el conde sufre por su hija, jura mandarlo matar para que nunca goce de ese amor. Albaniña responde con firmeza: si matan al conde, los enterrarán juntos. Él muere a medianoche, ella al canto de los gallos. A ella, como hija de reyes, la entierran en el altar; a él, como hijo de conde, unos pasos más atrás. De su tumba nace un rosal blanco, de la de él un espino albar. Las plantas crecen, se acercan, sus ramas se abrazan con fuerza y las que no alcanzan a tocarse suspiran. La reina, envidiosa, ordena cortarlas, y el jardinero llora mientras las tala. Entonces de ella nace una garza y de él un gavilán, y juntos vuelan por el cielo, par a par.
Pocos romances del romancero viejo poseen la belleza lírica y la carga simbólica del Romance del Conde Niño. Se trata de una composición que trasciende la simple narración de un amor frustrado para convertirse en una meditación poética sobre la fuerza del amor frente a la muerte. El tema central es la inmortalidad del amor verdadero, que ninguna fuerza externa —ni la oposición materna, ni la muerte, ni siquiera la destrucción física— puede aniquilar. Los amantes, separados en vida por la voluntad de la reina, encuentran en la muerte y en sucesivas transformaciones la unión que les fue negada.
El romance comienza con un elemento mágico y simbólico: el conde Niño canta en la mañana de San Juan, momento asociado en la tradición popular con lo prodigioso y lo sobrenatural. Su cantar es tan bello que detiene a las aves del cielo, un motivo que recuerda al poder del canto de Orfeo y que señala que el conde no es un personaje ordinario, sino alguien dotado de un don especial. La música aquí funciona como manifestación del sentimiento amoroso, como lenguaje que trasciende las palabras y comunica directamente con la naturaleza.
La figura de la reina como antagonista es fundamental en la economía dramática del romance. Ella representa el poder que se opone al deseo, la autoridad materna que decide sobre el destino de su hija y que considera intolerable que un conde (inferior en rango, pues la joven es princesa) ame a Albaniña. Su actitud es implacable: no solo impide la relación, sino que ordena la muerte del joven para que «nunca los goce». Esta crueldad desencadena la tragedia, pero también pone en marcha el mecanismo de las metamorfosis que demostrará la inutilidad de su empeño.
La respuesta de Albaniña es de una dignidad absoluta: «Si le manda matar madre, / juntos nos han de enterrar». Esta declaración no es una amenaza vacía, sino el anuncio de su propia muerte voluntaria. La joven no puede vivir sin su amado, y su determinación anticipa lo que sucederá: él muere a medianoche, ella al amanecer (al canto de los gallos), en una simetría temporal que subraya la unidad de ambos destinos. La diferencia en sus sepulturas (ella en el altar, él unos pasos más atrás) refleja las jerarquías sociales que los separaron en vida, pero esa separación será abolida por las transformaciones posteriores.
El motivo de las plantas entrelazadas que nacen de las tumbas de los amantes es uno de los más antiguos y universales de la literatura. Tiene paralelos en leyendas de muchas culturas y aparece, por ejemplo, en la historia de Tristán e Isolda, donde de sus sepulcros crecen también plantas que se entrelazan. Este símbolo vegetal expresa la idea de que el amor verdadero, aunque los cuerpos mueran, perdura y se transforma, buscando siempre la unión. El rosal blanco y el espino albar (espino blanco) crecen uno hacia el otro, sus ramas se abrazan «con fuertes abrazos» y las que no logran tocarse «no dejan de suspirar». La personificación de las plantas —que abrazan y suspiran— convierte la naturaleza en depositaria del sentimiento amoroso.
Pero la reina, «llena de envidia», ordena cortar las plantas. Este nuevo acto de violencia, sin embargo, no logra su objetivo. Los amantes vuelven a transformarse, esta vez en aves: una garza y un gavilán. El romance termina con una imagen de libertad y plenitud: «juntos vuelan por el cielo, / juntos vuelan par a par». Las aves, libres de ataduras terrestres, realizan en el cielo la unión perfecta que les fue negada en la tierra. Esta última metamorfosis tiene un carácter definitivo y triunfal: ya no hay separación posible, ya no hay autoridad que pueda alcanzarlos.
La estructura del romance sigue la métrica tradicional del romancero viejo: versos octosílabos con rima asonante en los pares (en este caso, en -a). El poema avanza mediante escenas sucesivas que marcan las etapas de la tragedia: el canto del conde, el diálogo entre la reina y Albaniña, la muerte de ambos, el nacimiento de las plantas, su destrucción, y finalmente la transformación en aves. Esta progresión tiene algo de ritual: cada intento de separar a los amantes es vencido por una nueva manifestación de su amor.
El romance emplea recursos de repetición y paralelismo que refuerzan su carácter lírico y mágico. La fórmula «juntos vuelan por el cielo, / juntos vuelan par a par» cierra el poema con una imagen que condensa todo su significado: la palabra «juntos», repetida, subraya la unión definitiva, mientras que «par a par» (en pareja, en igualdad) indica que ya no hay jerarquías ni impedimentos. El tono del romance es a la vez triste y esperanzador: hay muerte y sufrimiento, pero también hay trascendencia y victoria del amor.
El Romance del Conde Niño es, en definitiva, una de las joyas del romancero tradicional por su capacidad para expresar, mediante imágenes sencillas pero cargadas de simbolismo, una verdad profunda sobre el amor y la muerte. El poema no ofrece consuelo fácil: los amantes mueren jóvenes, su felicidad terrenal les es arrebatada. Pero el romance afirma, con insistencia poética, que el amor verdadero es indestructible. Puede cambiar de forma, puede metamorfosearse en plantas o en aves, pero no puede ser aniquilado. Esta idea, presente en muchas tradiciones literarias y folclóricas, encuentra en este romance una de sus expresiones más hermosas y conmovedoras.
Audio: Víctor Villoria
Conde Niño por amores
es niño y pasó a la mar
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras su caballo bebe,
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está :
– levantáos Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar,
– No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el Conde Niño
que por mi quiere finar.
¡Quien le pudiese valer
en su tan triste penar
– Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya su cantar!
y porque nunca los goce,
yo le mandaré matar.
– Si le manda matar madre,
juntos nos han de enterrar.
Él murió a la medianoche,
ella a los gallos cantar ;
a ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar ;
a él, como hijo de conde
unos pasos más atrás.
De ella nació una rosal blanco,
dél nació un espino albar ;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar ;
las ramitas que se alcanzan
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban
no dejan de suspirar.
La reina llena de envidia
ambos los dos mandó cortar ;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza
de él un fuerte gavilán,
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.
Anónimo, versión de Menéndez Pidal, Flor nueva de romances viejos.
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Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!
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