Comentario
¿Qué ceguedad me trajo a tantos daños? de Lope de Vega
Este soneto «¿Qué ceguedad me trujo a tantos daños?» pertenece a las Rimas sacras (1614) de Lope de Vega, una colección que marca la profunda transformación espiritual del dramaturgo madrileño tras una serie de crisis personales que lo llevaron a ordenarse sacerdote. Este poema, catalogado como el soneto V dentro de la obra, constituye una reflexión penitencial sobre los errores de la juventud y la sabiduría que trae la madurez.
El tema central del soneto es el arrepentimiento del yo lírico, que contempla con asombro y dolor los desvaríos de su juventud. La composición se estructura como un examen de conciencia, donde el poeta reflexiona sobre su ceguera espiritual pasada y celebra el desengaño presente que le ha permitido alcanzar la sabiduría. El tono es melancólico pero esperanzador, pues si bien lamenta los años perdidos, reconoce que la experiencia del dolor lo ha conducido finalmente a la verdad.
La clave de lectura fundamental reside en el contraste entre la ceguera inicial y el desengaño final, conceptos centrales en la estética barroca. La ceguera representa la ignorancia espiritual que lleva al pecado, mientras que el desengaño simboliza la revelación de la verdad tras superar las apariencias engañosas del mundo. Este soneto forma parte del ciclo introspectivo-penitencial de las Rimas sacras, donde Lope construye «un canzoniere sagrado» que sigue fielmente la vía purgativa, con su examen de conciencia, dolor de corazón y propósito de enmienda.
Los elementos simbólicos más destacados incluyen la metáfora náutica del puerto, que representa el refugio encontrado en la fe tras las tormentas de la juventud. Los «blancos desengaños» simbolizan la pureza de la revelación espiritual, mientras que la comparación de los años con el «curso de los ríos» establece una poderosa imagen del tiempo como flujo irreversible. Esta metáfora del río que no retorna conecta con la tradición literaria que asocia el agua con el paso inexorable del tiempo y la imposibilidad de recuperar lo perdido.
La repetición de estructuras interrogativas en los cuartetos («¿Qué ceguedad…?», «¿Por dónde…?») intensifica el tono de autoexamen, mientras que las exclamaciones del primer terceto («¡Oh puerto…!») expresan la emoción del descubrimiento espiritual. El soneto concluye con una reflexión gnómica sobre la valentía verdadera, que no consiste en despreciar el fin, sino en reconocer la realidad de que los placeres mundanos se transforman en tormentos y que toda una vida puede resumirse en la brevedad de un día.
Audio: Víctor Villoria
¿Qué ceguedad me trujo a tantos daños?
¿Por dónde me llevaron desvaríos,
que no traté mis años como míos,
y traté como propios sus engaños?
¡Oh puerto de mis blancos desengaños,
por donde ya mis juveniles bríos
pasaron como el curso de los ríos,
que no los vuelve atrás el de los años!
Hicieron fin mis locos pensamientos,
acomodóse al tiempo la edad mía,
por ventura en ajenos escarmientos.
Que no temer el fin, no es valentía,
donde acaban los gustos en tormentos,
y el curso de los años en un día.
Rimas sacras, 1614
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Autor
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Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!
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