Comentario
Peregrino de Luis Cernuda
“Peregrino” condensa una de las emociones más hondas de la poesía última de Luis Cernuda: la aceptación de la vida como camino sin regreso, sin refugio final y sin promesa de recompensa doméstica. El poema, integrado en Desolación de la quimera, presenta a un viajero que renuncia a la tentación de volver y elige seguir adelante, incluso en soledad, con una mezcla de firmeza, lucidez y orgullosa intemperie. Frente al modelo clásico del héroe que retorna a casa, aquí se alza una figura distinta: alguien que no tiene “Ítaca” ni “Penélope”, y que hace de esa carencia una forma de libertad. La emoción del texto no nace del lamento, sino de una serena valentía: vivir es avanzar, aunque no exista un lugar esperándonos al final. Así, el poema convierte la marcha en destino y la intemperie en una lección de dignidad.
El tema principal del poema es la fidelidad a una vocación interior que prefiere el camino abierto al consuelo del regreso. En lugar de celebrar la vuelta al hogar, como ocurre en la tradición de la Generación del 27, tan atenta a unir tradición y renovación, Cernuda da la vuelta al motivo clásico del retorno y propone una ética de la continuidad: “sigue, sigue adelante y no regreses”. Esa repetición funciona como una insistencia emocional y también como una orden moral, casi como si la voz poética quisiera afirmarse a sí misma mientras habla. La clave está en entender que el viaje no es solo un desplazamiento físico, sino una imagen de la existencia entera, vivida sin amarras y sin autoengaños.
El tono resulta especialmente atractivo porque combina desafío, melancolía contenida y una extraña serenidad. No hay aquí una queja sentimental, sino una voz que parece haber pasado por la pérdida y haber aprendido de ella una forma de entereza. Cuando el poema contrapone al que vuelve “cansancio del camino” y “codicia / de su tierra, su casa, sus amigos” con ese “tú” que no piensa regresar, lo que hace es enfrentar dos formas de estar en el mundo: la de quien necesita pertenecer y la de quien asume la intemperie como verdad. Esa oposición da al texto una energía dramática muy clara, pero sin estridencias.
Una de las claves de lectura más fecundas está en la referencia a Ulises. El poema invoca la Odisea, pero no para repetirla, sino para discutirla desde dentro: el viajero de Cernuda no tiene “hijo que te busque”, ni “Ítaca que aguarde”, ni “Penélope”. Es decir, se borran los grandes símbolos del regreso feliz: la patria, la familia, la esposa fiel, el reconocimiento final. Esa reescritura del mito vuelve más moderno el poema, porque desplaza el centro de gravedad desde el hogar hacia la conciencia individual. En lugar del héroe que culmina su aventura al volver, aparece el ser humano que solo puede ser fiel a sí mismo continuando el viaje.
También impresiona la manera en que el lenguaje, tan claro en apariencia, encierra una notable densidad simbólica. Los “pies sobre la tierra antes no hollada” y los “ojos frente a lo antes nunca visto” convierten el avance en experiencia de descubrimiento: vivir consiste en pisar lo no recorrido y mirar lo no conocido. No se trata solo de viajar, sino de aceptar una existencia expuesta a lo nuevo, sin la protección de un “destino más fácil”. Esa claridad expresiva, tan propia de la madurez de Luis Cernuda, no elimina la complejidad; al contrario, la hace más accesible y más honda.
Leído desde el conjunto de Desolación de la quimera, el poema cobra todavía más relieve, porque dialoga con una etapa en la que Cernuda reflexiona con intensidad sobre la identidad, el exilio y la condición moral del individuo. El “peregrino” no es simplemente un caminante: es una figura de desposesión y de libertad, alguien que ha perdido las promesas convencionales de arraigo, pero ha ganado una forma exigente de lucidez. Por eso el poema emociona sin buscar el efectismo: su belleza nace de esa invitación a no añorar un acomodo menor cuando todavía queda mundo por ver. En pocas líneas, convierte la renuncia en afirmación y la soledad en una forma de dignidad poética.
Audio: Víctor Villoria
¿Volver? Vuelva el que tenga,
tras largos años, tras un largo viaje,
cansancio del camino y la codicia
de su tierra, su casa, sus amigos,
del amor que al regreso fiel le espere.
Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
sino seguir libre adelante,
disponible por siempre, mozo o viejo,
sin hijo que te busque, como a Ulises,
sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.
Sigue, sigue adelante y no regreses,
fiel hasta el fin del camino y tu vida,
no eches de menos un destino más fácil,
tus pies sobre la tierra antes no hollada,
tus ojos frente a lo antes nunca visto.
Luis Cernuda, Desolación de la quimera, 1956-62
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!








