Comentario
Adónde me dejáis de Fernando de Herrera
Entre los muchos poemas en que Fernando de Herrera convierte la emoción en materia poética, este soneto destaca por su manera intensa y elegante de hablar del tiempo perdido y de la memoria dolorosa. Su voz poética no se limita a lamentar una ausencia: transforma las “horas” en una presencia casi viva, capaz de huir, regresar, herir o incluso arrastrar consigo el recuerdo, y ahí reside una de las primeras claves de lectura, porque el tiempo deja de ser una idea abstracta para convertirse en interlocutor del sufrimiento.
El tema principal es, por tanto, la lucha interior con el pasado feliz y con el recuerdo de ese bien que ya no puede recuperarse. Desde el primer verso, “¿Adónde me dejáis al fin perdido?”, el poema sitúa al hablante en una sensación de desamparo que se vuelve más honda cuando evoca las “ingratas horas” de un tiempo mejor: lo que antes fue consuelo ahora se ha vuelto herida. El tono oscila así entre la queja, la súplica y el reproche, pero siempre con una contención artística muy característica de la poesía del Renacimiento, donde la emoción aparece intensamente elaborada por la forma.
Una de las mayores bellezas del soneto está en esa invocación continua a las “horas”, repetidas casi como si fueran una obsesión. Esa repetición no es un adorno sin más: da la impresión de que el pensamiento gira sobre sí mismo y no consigue salir del dolor. También importa mucho el movimiento verbal del poema, construido con imperativos como “nunca volváis”, “torced”, “corred”, “huid” o “arrebatad”, que comunican nervio, urgencia y deseo de borrar la memoria. Cuando se habla de personificación —es decir, de atribuir rasgos humanos a algo abstracto— se alude justamente a este procedimiento: el tiempo aparece aquí como un ser cruel, envidioso y activo, casi enemigo del sujeto que habla.
El poema se entiende especialmente bien si se pone en relación con la poesía amorosa de raíz petrarquista, tan influyente en el siglo XVI y muy presente en la obra de Herrera, poeta vinculado a la tradición de Garcilaso y a una lírica intimista de gran refinamiento. En ese horizonte literario, el amor suele vivirse como exaltación y como herida, y la memoria del gozo pasado se convierte con frecuencia en una forma más aguda de padecimiento. Aquí resuenan, por tanto, ecos de esa sensibilidad: el pasado amoroso no aparece como refugio, sino como mancha que vuelve a “amancillar el corazón cuitado”, expresión en la que “cuitado” significa afligido, desdichado.
También resulta muy sugerente la imaginería espacial del soneto. Frente al “puesto conocido”, que remite al ámbito de la experiencia ya vivida, surge “la oscura región del hondo olvido”, una imagen de gran fuerza simbólica que presenta el olvido como un lugar profundo y sombrío, casi como un descenso. No se pide recuperar la gloria pasada, sino enterrarla, y esa paradoja da al texto una intensidad muy humana: el yo poético sabe que recordar es seguir perdiendo. Por eso el cierre, cuando acusa a las horas de ser “crueles” y “envidiosas” por usurpar “la sombra de mi gloria”, remata el poema con una idea muy fina: hasta aquello que parecía conservar el pasado, su simple sombra, acaba también consumiéndose.
En conjunto, el soneto ofrece una experiencia muy reconocible: la de sentir que el recuerdo de lo feliz puede doler más que la propia pérdida. Pero esa experiencia aparece elevada por una lengua de gran energía expresiva, donde cada palabra parece empujar a las horas a huir mientras, al mismo tiempo, las retiene dentro del poema. Ahí está una de las grandezas de la poesía de Fernando de Herrera: en convertir una emoción íntima en una forma verbal de extraordinaria tensión, capaz de hacer que el dolor piense, hable y casi tenga cuerpo.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
¿Adónde me dejáis al fin perdido,
ingratas horas de mi bien pasado?
¿Por qué no lleváis todo mi cuidado,
y con favor tan corto mi sentido?
Nunca volváis del puesto conocido
a amancillar el corazón cuitado;
torced antes el curso apresurado
a la oscura región del hondo olvido.
Corred, huid con alas presurosas,
horas de mi dolor, y mi memoria
arrebatad, el vuelo acelerando.
Si sois crueles tanto, envidiosas
por usurpar la sombra de mi gloria,
que a vosotras vais mismas acabando.
Fernando de Herrera
Te gustará también
Autor
Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!









