Cuerpo presente de Vicente Gallego

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By Víctor Villoria

Cuerpo presente de Vicente Gallego

“Cuerpo presente”, incluido en Santa deriva (2002), de Vicente Gallego, convierte una experiencia inevitable —la muerte— en una meditación íntima, sobria y estremecedora sobre lo que queda del ser humano cuando su conciencia ya no habita el cuerpo. El poema no contempla el cadáver desde fuera: habla desde una voz que anticipa su propia ausencia y se dirige a ese “cuerpo mío sin mí” que habrá de sobrevivirle apenas unas horas.

La imagen inicial, “Como la flor cortada que en un cuenco de barro / se resiste a doblar bajo su peso”, concentra delicadamente el sentido del texto. La flor recién cortada conserva durante un tiempo la apariencia de vida, aunque ya esté separada de aquello que la alimentaba; de modo semejante, el cuerpo mantiene su forma después de la muerte, pero ha perdido aquello que lo hacía plenamente humano: la conciencia, los deseos, la memoria vivida. El “cuenco de barro” sugiere además una materia humilde y frágil, cercana a la antigua idea de que el ser humano procede de la tierra y regresa a ella.

La voz poética imagina con lucidez el desconcierto de ese cuerpo abandonado. “Sabrás sobrevivirme algunas horas” formula una paradoja: el cuerpo parece recibir el don de “saber”, pero carecerá ya de la persona que podía saber realmente. Esa tensión recorre todo el poema. El cadáver será “otra cosa”, una presencia reconocible y, al mismo tiempo, extraña; conservará el contorno amado, pero ya no podrá contener los sueños, los afectos ni la mirada de quien fue. La muerte aparece así no solo como final, sino como una separación radical entre identidad y materia.

La repetición de “serás” organiza la composición como una sucesión de revelaciones dolorosas. Cada nuevo “serás” despoja al cuerpo de una cualidad: primero se convierte en “callada acusación”, después en “memoria mía que olvidé de golpe”, más tarde en una “molesta sombra”. Esta repetición, o anáfora —la vuelta de una misma palabra al comienzo de varios versos—, reproduce la insistencia de un pensamiento que no logra apartarse de lo esencial: el cuerpo seguirá allí, pero ya no pertenecerá del todo a quien lo habitó.

El poema se mueve entre sonidos apagados: “callada acusación”, “silencioso clamor”, “en el silencio apaga”. Esas expresiones enfrentan palabras aparentemente contrarias, pues un clamor suele ser ruidoso y aquí se vuelve silencioso. Con ello se expresa una verdad emocional: el cuerpo sin vida puede decir mucho sin pronunciar nada. Su sola presencia interroga a quienes permanecen, recuerda la vulnerabilidad de todos y altera incluso el instante de la despedida. Por eso “enturbiarás los sueños un instante / de quien a ti se acerque a despedirme”: no es únicamente el muerto quien desaparece; quienes lo contemplan reciben también la inquietud de esa desaparición.

En su reflexión sobre la fugacidad, el texto dialoga con una larga tradición de la poesía española, especialmente con la conciencia de la muerte propia del Barroco. Puede recordar, por ejemplo, la gravedad meditativa de Jorge Manrique en las Coplas a la muerte de su padre, aunque Vicente Gallego prescinde de la enseñanza moral y lleva la reflexión a un territorio más corporal, inmediato y personal. No se habla aquí de la muerte como destino universal en abstracto, sino de la extrañeza concreta de imaginar la propia figura tendida, visible para otros y ya inaccesible para uno mismo.

Los versos finales reúnen la ternura y la desolación que sostienen el poema: “contorno amado / de doliente tiniebla en que seguir muriendo”. El cuerpo continúa siendo “amado”, porque conserva la huella de una vida entera, pero también es una “tiniebla”, una oscuridad donde la desaparición parece prolongarse. La “reseca cicatriz de mi estatura” resume esa visión: el cadáver es la marca material de alguien que estuvo allí, la cicatriz de una presencia ya perdida. Con un lenguaje contenido y preciso, el poema logra que la muerte no sea una abstracción lejana, sino una experiencia pensada desde la vulnerabilidad, el afecto y el asombro.

Audio: Víctor Villoria. ✉️

Como la flor cortada que en un cuenco de barro
se resiste a doblar bajo su peso,
sabrás sobrevivirme algunas horas.
Expuesto a la difícil
tarea de mirar lo que es un hombre,
serás, solo, otra cosa:
callada acusación en la espalda del tiempo,
silencioso clamor que el clamor de la vida
en el silencio apaga.
Serás solo, sin mí,
memoria mía que olvidé de golpe,
desdibujado cuerpo para el daño
sólo ya de los otros.

En tu equívoco sueño faltarán mis sueños,
y enturbiarás los sueños un instante
de quien a ti se acerque a despedirme.
Nada serás sino molesta sombra
que golpea en la luz de un sol ajeno.

Qué asombroso es pensar que durarás
un poco más que yo, contorno amado
de doliente tiniebla en que seguir muriendo,
reseca cicatriz de mi estatura,
cuerpo mío sin mí
en el que fue mi mundo.

Vicente Gallego, Santa deriva, 2002

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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