Comentario
Un pastorcico solo de San Juan de la Cruz
En estos versos, San Juan de la Cruz presenta una pequeña escena pastoril que, bajo su apariencia sencilla, encierra una emoción intensa y muy honda: la pena de quien ama y sufre no tanto por la herida del amor como por la sospecha del olvido. El “pastorcico” aparece solo, apartado de todo “placer” y “contento”, consumido por una fidelidad que no encuentra respuesta, y esa imagen del amante desdichado da al poema una delicadeza dolorosa que se va haciendo cada vez más grave.
Una de las claves más hermosas de lectura está en su carácter simbólico. En la superficie, parece hablarse de un pastor enamorado y de una pastora ausente; pero, como ocurre con frecuencia en la poesía religiosa del Renacimiento español y en la tradición de la poesía mística, esa pequeña historia amorosa dice más de lo que aparenta. El pastor puede leerse como figura de Cristo, y la pastora, como imagen del alma humana, de modo que el poema convierte el lenguaje amoroso en una manera especialmente viva de expresar el misterio espiritual. Esa doble lectura, tan característica de San Juan, permite disfrutar del texto tanto por su emoción humana inmediata como por la profundidad religiosa que late debajo.
También resulta muy expresiva la insistencia en ciertas palabras y en ciertos giros. La repetición de “olvidado” concentra el verdadero centro afectivo del poema: no duele solo amar, sino sentirse borrado de la memoria de la persona amada. Del mismo modo, el estribillo “y el pecho del amor muy lastimado” va dejando una huella musical y emocional que acompasa toda la composición. Esa repetición no es un mero adorno: funciona como un latido, como una especie de eco interior que devuelve una y otra vez la misma herida y hace que el dolor se perciba casi físicamente.
Hay además un movimiento narrativo muy claro, casi como si el poema contara una breve pasión en miniatura. Al principio se muestra el sufrimiento íntimo; luego aparece la voz directa del pastor, que exclama “¡Ay, desdichado…!”; y al final llega la imagen más poderosa del texto, cuando se “encumbra” sobre un árbol, “abrió sus brazos bellos” y queda muerto, “asido dellos”. La escena remite de manera transparente a la cruz, pero lo hace sin abandonar del todo la delicadeza de la alegoría pastoril. Ahí reside buena parte de la intensidad del poema: lo humilde y lo sagrado se funden en una sola imagen.
Esa fusión enlaza el poema con una larga tradición literaria. Por un lado, recoge motivos de la poesía pastoril, tan presentes en la literatura del siglo XVI; por otro, dialoga con la imaginería amorosa del Cantar de los Cantares, texto fundamental para comprender la expresión del deseo y de la unión en la obra sanjuanista. Pero aquí el amor no aparece como plenitud inmediata, sino como amor que padece, que espera, que se entrega incluso cuando no recibe respuesta. Esa es una de las notas que hacen tan conmovedora esta composición: el amor verdadero se define por su fidelidad y por su entrega extrema.
Leído hoy, el poema conserva intacta su capacidad de emocionar porque no necesita un aparato erudito para llegar al corazón: basta seguir la música de sus repeticiones, la ternura doliente de sus imágenes y la sencillez con que va creciendo la tragedia. En muy pocos versos, San Juan de la Cruz consigue que una escena aparentemente humilde se vuelva inmensa, y que el dolor del “pastorcico” termine iluminado por un sentido espiritual que engrandece, sin borrar, su humanidad.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
Un pastorcico, solo, está penado,
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora firme el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.
No llora por haberle amor llagado,
que no se pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido;
mas llora por pensar que está olvidado.
Que sólo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.
Y dice el pastorcico: ¡Ay, desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia
y no quiere gozar la mi presencia,
y el pecho por su amor muy lastimado!
Y a cabo de un gran rato, se ha encumbrado
sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado, asido dellos,
el pecho del amor muy lastimado.
San Juan de la Cruz
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!







