Comentario
Grandes más que elefantes de Góngora
Este demoledor soneto de Luis de Góngora, fechado en 1588, representa una de las más feroces invectivas contra la corte española en toda la literatura del Barroco. La composición desarrolla una sátira social implacable que desnuda sin contemplaciones la corrupción, la vanidad y la falsedad que reinaban en los ambientes cortesanos del reinado de Felipe II. El poeta cordobés despliega aquí todo su arsenal crítico para ofrecer un retrato despiadado de la sociedad palaciega, convirtiendo la técnica del inventario descriptivo en un instrumento de denuncia moral que anticipa las claves del desengaño barroco y establece un precedente fundamental para la poesía satírica posterior.
El tema principal del soneto consiste en la denuncia de la corrupción y falsedad que imperaba en los círculos cortesanos españoles de finales del siglo XVI. Góngora construye un catálogo despiadado de tipos sociales que frecuentaban la corte, desenmascarando sistemáticamente la discordancia entre apariencias nobles y realidades miserables. El poema funciona como una radiografía moral de la época que revela cómo la ostentación exterior encubría la podredumbre interior de una sociedad en crisis. La referencia inicial a los «Grandes» —la más alta nobleza del reino— marca el tono: estos personajes son «más que elefantes y que abadas» no por su grandeza moral sino por su torpeza y bestialidad. Las «abadas» eran rinocerontes según la zoología medieval, animales considerados torpes y violentos, lo que convierte la comparación en un insulto devastador dirigido contra la aristocracia española.
El tono del poema resulta abiertamente satírico y demoledor, caracterizado por un sarcasmo corrosivo que no perdona a ningún estamento social. Góngora emplea la técnica de la acumulación caótica para crear un efecto de saturación que refleja el desorden moral imperante en la corte. La mezcla de referencias cultas e italianizantes («illustri cavaglier») con expresiones populares y despectivas crea un contraste deliberado que subraya la pretenciosidad ridícula de una nobleza que adopta modas extranjeras para disimular su vulgaridad intrínseca. El verso «lodos con perejil y hierbabuena» constituye una metáfora genial: por mucho que se adorne la suciedad moral con especias aromáticas, sigue siendo inmundicia, imagen que resume perfectamente la visión gongorina de la corte como un estercolero perfumado.
La estructura del soneto responde a una organización inventarial que enumera sistemáticamente los diferentes tipos humanos que poblaban el ambiente cortesano. Los dos cuartetos presentan a los personajes de mayor rango social: grandes de España, gentileshombres, damas y caballeros extranjeros. Los tercetos descienden a estratos inferiores y más específicos: juristas («Bártulos» alude a las obras del célebre jurista medieval Bartolo de Sassoferrato), clérigos («Abades»), militares venales y comerciantes. Esta gradación descendente reproduce la jerarquía social pero invirtiendo su sentido valorativo: cuanto más alto el rango, mayor la corrupción. La referencia a los «Bártulos» resulta particularmente mordaz, pues alude a los juristas que llevaban consigo los pesados volúmenes del derecho romano, convertidos aquí en símbolo de pedantería profesional y venalidad judicial. Por otro lado en estos versos (9 y 10) se presenta otra crítica paradójica que lleva a defender los derechos con las armas y las batallas con abogados metidos en el ejército; todo está, por tanto, invertido en la corte.
Desde el punto de vista estilístico, el soneto exhibe un virtuosismo técnico que pone al servicio de la intención satírica todos los recursos de la retórica clásica. La enumeración caótica crea un efecto de vértigo descriptivo que reproduce la confusión moral denunciada. Los contrastes antitéticos («damas de haz y envés») desvelan la falsedad esencial de personajes que presentan una cara pública respetable y ocultan una realidad sórdida. La paradoja de las «carrozas de ocho bestias, y aun son pocas / con las que tiran y que son tiradas» constituye un ejemplo magistral del ingenio conceptual gongorino: las bestias que arrastran los coches son menos numerosas que las bestias humanas que viajan dentro, juego de palabras que equipara la animalidad física con la moral.
El lenguaje empleado combina sabiamente registros diversos para conseguir efectos expresivos de gran potencia crítica. Los cultismos («illustri cavaglier», «catarriberas») conviven con expresiones coloquiales y malsonantes, técnica que refleja la mezcla social que caracterizaba a la corte y que permite al poeta adoptar diferentes máscaras discursivas según conviene a su propósito satírico. La alusión a las «llaves doradas» se refiere a los gentileshombres de cámara que portaban como símbolo de su cargo unas llaves doradas, insignia que Góngora presenta como símbolo de servidumbre disfrazada de honor. La expresión final «buena pro les haga» funciona como fórmula de despedida irónica que finge desearles buen provecho de su corrupción, cerrando el soneto con una nota de sarcasmo definitivo que convierte la aparente benevolencia en maldición elegante.
La importancia histórica de este soneto trasciende su valor puramente literario, pues constituye un testimonio excepcional de la crisis de valores que atravesaba la España imperial en el momento de su aparente máximo esplendor. Góngora logra anticipar aquí, con extraordinaria lucidez crítica, muchas de las claves ideológicas que definirán la sensibilidad barroca: el desengaño ante las apariencias, la conciencia de la falsedad social y la percepción del mundo como teatro de vanidades. Este retrato despiadado de la corte se convertirá en modelo para la posterior poesía satírica española, desde Quevedo hasta los satíricos del siglo XVIII, estableciendo una tradición crítica que hará de la denuncia social uno de los pilares fundamentales de la literatura española moderna.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
Grandes, más que elefantes y que abadas,
títulos liberales como rocas,
gentileshombres sólo de sus bocas,
illustri cavaglier, llaves doradas;
hábitos, capas, digo, remendadas,
damas de haz y envés, viudas sin tocas,
carrozas de ocho bestias, y aun son pocas
con las que tiran y que son tiradas;
catarriberas, ánimas en pena,
con Bártulos y Abades la milicia,
y los derechos con espada y daga;
casas y pechos todo a la malicia;
lodos con perejil y hierbabuena:
esto es la corte; buena pro les haga.
Luis de Góngora, 1588
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!










