Comentario
A veces me figuro de Gabriel Celaya
En este poema de Gabriel Celaya, incluido en Tranquilamente hablando, publicado en 1947, aparece una voz que se contempla a sí misma con una mezcla muy singular de ironía, ternura y desamparo, como si el enamoramiento no fuese aquí una gran revelación sublime, sino un pequeño temblor cotidiano que desordena la vida y la vuelve, al mismo tiempo, ridícula y entrañable.
El tema principal es la vivencia insegura del amor, o quizá, más exactamente, la sospecha de estar enamorado, presentada desde una sensibilidad que prefiere la sinceridad al idealismo. Lo más llamativo es que el poema no exalta ese sentimiento, sino que lo mira de frente y lo rebaja sin destruirlo: lo amoroso es “dulce” y “extraño”, pero también “estúpido” y “absurdo”, de modo que la contradicción se convierte en una clave esencial de lectura. Esa manera de hablar del afecto, tan poco solemne y tan cercana a la conversación, enlaza bien con una poesía de posguerra que buscó apartarse del brillo retórico para acercarse a la experiencia común, un horizonte en el que la obra de Celaya ocupó un lugar decisivo, primero desde una veta cercana al existencialismo y después como una de las voces más reconocibles de la llamada poesía social.
También resulta muy expresivo el modo en que el poema desciende hacia lo ordinario: “las canciones de moda”, la soledad nocturna, la bebida “más que de costumbre”, los nombres propios que se suceden sin grandilocuencia. Todo ello construye una pequeña escena de vida reconocible, casi prosaica, donde el sujeto poético —es decir, la voz que habla en el poema— no se presenta como un héroe sentimental, sino como alguien corriente que vacila, exagera, se entristece y se consuela como tantos otros. La repetición de “y, alternativamente” refuerza esa sensación de vaivén emocional, como si la inestabilidad afectiva marcase el ritmo mismo del texto y mostrara que la identidad amorosa nunca termina de fijarse.
Hay además un acierto especialmente humano en los últimos versos, cuando la voz admite “No soy muy inteligente” y encuentra alivio en saberse “uno de tantos”. Esa confesión convierte la aparente modestia en una forma de lucidez: el poema no celebra la excepcionalidad, sino la condición compartida de quien sufre, desea y se equivoca. En ese punto asoma uno de los rasgos más valiosos de Celaya: su capacidad para dignificar lo vulgar, no en el sentido de lo grosero, sino en el de lo común, lo reconocible, lo que pertenece a la vida de cualquiera, una orientación muy coherente con su defensa de una poesía no elitista y atenta a “lo que cada día nos ocupa”.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
A veces me figuro que estoy enamorado,
y es dulce, y es extraño,
aunque, visto por fuera, es estúpido, absurdo.
Las canciones de moda me parecen bonitas,
y me siento tan solo
que por las noches bebo más que de costumbre.
Me ha enamorado Adela, me ha enamorado Marta,
y, alternativamente, Susanita y Carmen,
y, alternativamente, soy feliz y lloro.
No soy muy inteligente, como se comprende,
pero me complace saberme uno de tantos
y en ser vulgarcillo hallo cierto descanso.
Gabriel Celaya, Tranquilamente hablando, 1947
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Autor
Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!











