Comentario
El adiós de José Ángel Valente
En “El adiós”, José Ángel Valente convierte una escena cotidiana en una experiencia de honda emoción. Un hombre entra, besa a una mujer, se ajusta la corbata, toma un café y habla de sus proyectos, pero todo sucede bajo la sombra de un silencio que lo va invadiendo todo. Desde los primeros versos se percibe que no se trata de una despedida convencional, sino de un adiós marcado por una ausencia irreparable.
El poema se sostiene sobre un contraste muy poderoso entre la actividad del hombre y la inmovilidad silenciosa de ella. Mientras él intenta llenar el espacio con palabras, la mujer “lo miraba sin respuesta” y luego “lo contemplaba silenciosa”, de modo que el silencio adquiere un valor casi físico. Ahí aparece uno de los rasgos más intensos de la poesía de Valente: la conciencia de que hay experiencias para las que el lenguaje resulta insuficiente, una idea muy presente en su poética.
También destacan algunos símbolos muy expresivos. El “espejo humedecido” que “imitaba la vida vagamente” sugiere una realidad borrosa, empañada, como si el mundo hubiera perdido nitidez. Del mismo modo, el “café desvanecido y turbio” no es solo un detalle realista: transmite desgaste, rutina rota y una tristeza que impregna los objetos más comunes.
Por su tono sobrio y reflexivo, el poema puede ponerse en relación con la Generación del 50, aunque la voz de Valente ya apunta a una depuración muy personal. La frase “Más frágiles que nunca las palabras” resume admirablemente esa tensión entre emoción y lenguaje. El final, con ese llanto “simplemente” derramado sobre unos labios “ya para siempre sin respuesta”, deja una impresión duradera: la de una despedida en la que el amor permanece, pero ya no puede rescatar a quien se ha perdido.
Audio: Víctor Villoria
Entró y se inclinó hasta besarla
porque de ella recibía la fuerza.
(La mujer lo miraba sin respuesta)
Había un espejo humedecido
que imitaba la vida vagamente.
Se apretó la corbata,
el corazón,
sorbió un café desvanecido y turbio,
explicó sus proyectos
para hoy,
sus sueños para ayer y sus deseos
para nunca jamás
(Ella lo contemplaba silenciosa)
Habló de nuevo. Recordó la lucha
de tantos días y el amor
pasado. La vida es algo inesperado,
dijo. (Más frágiles que nunca las palabras.)
Al fin calló con el silencio de ella,
se acercó hasta sus labios
y lloró simplemente sobre aquellos labios
ya para siempre si respuesta.
José Ángel Valente. A modo de esperanza, 1955
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Autor
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!








Muchas gracias por compartirlo.
No conocía este poema. Me ha llegado al alma.
Gracias.
Es un placer compartir poesía y que llegue a los lectores de la página.