Comentario
El hombre imaginario, de Nicanor Parra
Una casa, un paisaje y un amor recordado componen el mundo de «El hombre imaginario», poema de Nicanor Parra incluido en Hojas de Parra (1985). Todo parece carecer de existencia fuera de la imaginación del protagonista. Sin embargo, bajo esa apariencia irreal late una experiencia reconocible: la persistencia de un vínculo amoroso y de las emociones que despierta su recuerdo.
La repetición de «imaginario» y sus variantes imprime al poema un ritmo envolvente, casi de letanía, una fórmula que regresa insistentemente. Al principio puede producir extrañeza e incluso cierta comicidad; después adquiere una resonancia melancólica. El lenguaje es sencillo y las acciones son cotidianas: vivir, subir unas escaleras, asomarse a un balcón. Lo poético nace de someter esa normalidad a una insistencia que termina volviéndola inquietante.
El recorrido avanza desde el espacio exterior hacia la intimidad. Primero aparecen la mansión y sus alrededores; después, las tardes, el atardecer y la noche; finalmente, la mujer soñada y el corazón. Las «irreparables grietas imaginarias» introducen una imagen de deterioro: incluso ese refugio inventado contiene fracturas que no pueden remediarse. Las sombras y «la muerte del sol» intensifican la sensación de pérdida, sin que sea necesario atribuirles un significado único.
La clave aparece cuando se interrumpe la repetición: «vuelve a sentir ese mismo dolor». El dolor queda sin el calificativo que acompaña a casi todo lo demás, mientras el verso siguiente recupera «placer imaginario». Ese contraste permite pensar que la imaginación puede reconstruir lo amado, pero no neutralizar su ausencia. También «vuelve a palpitar» queda momentáneamente libre del adjetivo: el breve verso hace sobresalir el latido. El desenlace no resuelve si aquel mundo existe; muestra que una experiencia imaginada puede suscitar una emoción verdadera.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario
De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios
Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios
Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario
Nicanor Parra, Hojas de Parra, 1985
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!








