Comentario
Los abuelos de Miguel D’Ors
Miguel D’Ors evoca en este poema de Del amor, del olvido (1972) la figura entrañable de los abuelos, transformando recuerdos cotidianos en un retrato cargado de ternura y nostalgia. El tema principal gira en torno a la memoria afectiva de la infancia, celebrando la sabiduría rústica del abuelo y la calidez incansable de la abuela, símbolos de un mundo rural perdido que irrumpe en la casa como el verano mismo.
El tono, cálido y nostálgico, se despliega en versos libres que imitan el fluir natural de los recuerdos, sin rimas estrictas pero con una musicalidad sutil en repeticiones como “y el abuelo” o “la abuela”, que actúan como anclajes emocionales. Estos elementos simbólicos —el abuelo con “manos de valiente” y “venas retorcidas como parras”, la abuela con “zapatillas de nube” y su ir y venir “como volando”— pintan imágenes sensoriales vívidas, donde los sentidos se entretejen: olores a “heno y retama”, sonidos de “molinos y cuervos”. Así, el poema pertenece a la tradición de la poesía de la experiencia, corriente de los años setenta que priorizaba la emoción auténtica sobre artificios formales, conectando con voz clara y directa experiencias personales universales.
La clave de lectura radica en esa sinestesia —mezcla de sensaciones— que hace tangible lo etéreo: los abuelos no solo cuentan cuentos, sino que traen consigo el paisaje entero, un “contorno de campos y palomas”. Repeticiones como “un recuerdo fragante, un recuerdo lluvioso” refuerzan la idea de herencia perdurable, evocando ecos de la poesía modernista en su exaltación de lo humilde, pero con la sobriedad posfranquista de D’Ors. El hablante lírico, un nieto admirado, confiesa “las ganas que me daban de cumplir en un día sesenta y cuatro años”, revelando un anhelo por esa fortaleza vital. Este poema invita a saborear la poesía como ventana al ayer, donde lo simple se vuelve eterno.
Audio: Víctor Villoria
El abuelo era blanco; conocía
dos cuevas y sabía seguir huellas de lobo.
La abuela era menuda y tibia como un nido:
jugábamos a pájaros con ella.
…Y, alrededor, los dos llevaban como
un contorno de campos y palomas:
cruzaban el umbral y parecía
que con ellos entraba el verano en la casa;
al contarnos los cuentos, en sus voces
oíamos molinos y cuervos alejándose
y hasta en las mismas ropas nos traían
un recuerdo fragante, un recuerdo lluvioso
del heno y la retama…
…Y el abuelo, qué manos de valiente,
qué venas, retorcidas como parras;
las ganas que me daban
de cumplir en un día sesenta y cuatro años
para tener dos manos como aquéllas…
Luego, la abuela, aquellas zapatillas
de nube que llevaba,
aquel ir y venir, como volando,
de la escoba al misal, de sus gallinas
a las sábanas frescas,
de la labor de lana a los geranios,
del pan a las mejillas de sus nietos…
que entonces, suavemente, quedábamos dormidos
creyendo que la abuela no se acostaba nunca.
Del amor, del olvido, 1972
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Autor
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Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!
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