Comentario
A un capitán de navío de Rafael Alberti
En “A un capitán de navío”, Rafael Alberti convierte la figura del capitán en una imagen luminosa y casi legendaria: no aparece como un simple hombre de mar, sino como una fuerza que avanza entre algas, conchas, viento y aves, coronado por la naturaleza misma. El poema, integrado en Marinero en tierra, deja desde el principio una sensación de movimiento, brillo y libertad, como si el mar levantara una escenografía viva para ensalzar a quien sabe leer sus signos más secretos.
Su tema principal es, precisamente, la libertad unida al mar. El verso francés que sirve de pórtico, tomado de Baudelaire, ya orienta la lectura hacia esa identificación entre el hombre libre y la inmensidad marina, y Alberti la desarrolla presentando al capitán como alguien que “declina” las mares, es decir, que las conoce, las recorre y casi las conjuga como si fueran un lenguaje propio. El mar no es aquí un paisaje de fondo, sino un espacio simbólico donde la existencia se ensancha y donde las “cadenas” del último terceto adquieren un valor muy claro: frente a la atadura de la tierra, la navegación representa una salida, una promesa de plenitud y de apertura.
El tono resulta celebratorio, pero no solemne en exceso: tiene algo de himno, de elogio entusiasta, y al mismo tiempo conserva la frescura imaginativa característica del primer Alberti. Esa mezcla encaja muy bien con el espíritu de la Generación del 27, capaz de fundir tradición y renovación, lo culto y lo popular, y en el caso de Alberti también el gusto por el neopopularismo, es decir, por una poesía que parece cercana y cantable aunque esté elaborada con gran cuidado artístico. Por eso el poema puede disfrutarse de manera inmediata, pero también revela una arquitectura verbal muy trabajada, hecha de apelaciones, imágenes encadenadas y una música que sostiene el impulso de admiración.
Una de sus claves más hermosas está en la abundancia de símbolos marinos y celestes. La nave se vuelve “plinto verde”, expresión sorprendente porque convierte el barco en pedestal y, por tanto, en base de una figura casi escultórica; la “estrella Polar” sugiere guía, orientación y destino; las “golondrinas” y las “sirenas” amplían el horizonte del poema hacia lo aéreo y lo mítico. Esa red de imágenes no busca describir de manera realista, sino intensificar la sensación de maravilla: el capitán navega por un mundo donde la realidad y la fantasía se rozan continuamente, como ocurre en buena parte de la poesía de Rafael Alberti.
También llaman la atención las repeticiones y las invocaciones directas: “capitán”, “marinero”, “hombre libre”, “buen marinero”. Esa insistencia no es un adorno casual, sino un modo de elevar la figura central y de crear un ritmo de llamada admirativa, casi ceremonial. Al mismo tiempo, el poema pasa del elogio individual a una voz colectiva cuando afirma “pedimos que nos lleves”: de pronto, el capitán ya no es solo un personaje admirable, sino quien puede conducir a otros hacia una liberación compartida, en un gesto que agranda el poema y le da una emoción más honda.
Esa amplitud de resonancias enlaza el texto con varias tradiciones literarias. Por un lado, asoma la huella de Baudelaire en la asociación entre mar y libertad; por otro, el gusto de Alberti por la canción tradicional y por la imaginería heredada del romancero y de la lírica popular convive con una expresión más moderna, propia de las búsquedas estéticas de la Generación del 27. De ahí nace buena parte de su encanto: el poema suena antiguo y nuevo a la vez, como si una vieja canción marinera hubiera sido rehecha con destellos de vanguardia.
Audio: Víctor Villoria
Homme libre, toujours tu chériras la mer!
CH. BAUDELAIRE
Sobre tu nave —un plinto verde de algas marinas,
de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar—,
capitán de los vientos y de las golondrinas,
fuiste condecorado por un golpe de mar.
Por ti los litorales de frentes serpentinas,
desenrollan al paso de tu arado un cantar:
Marinero, hombre libre, que las mares declinas,
dinos los radiogramas de tu estrella Polar.
Buen marinero, hijo de los llantos del norte,
limón de mediodía, bandera de la corte
espumosa del agua, cazador de sirenas;
todos los litorales amarrados, del mundo,
pedimos que nos lleves en el surco profundo
de tu nave, a la mar, rotas nuestras cadenas.
Rafael Alberti, Marinero en tierra, 1925
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!











