Comentario
Homenaje de Luis García Montero
En “Homenaje”, Luis García Montero convierte una escena íntima en una meditación estremecedora sobre la ausencia, el paso del tiempo y la dificultad de aceptar que la vida queda interrumpida para siempre. El poema, incluido en Tristia, publicado en 1982, abre un espacio donde el recuerdo amoroso ya no consuela del todo, porque lo amado comparece desde la distancia inmóvil de una imagen y desde la herida que deja lo irreparable.
Su tema principal es, por tanto, la convivencia entre amor, memoria y muerte: no se recuerda solamente a una mujer, sino también el modo en que su desaparición transforma para siempre la mirada de quien la evoca. Desde el comienzo, “Algunas pocas cosas te rodean ahora”, la escena queda envuelta en una sobriedad muy eficaz, como si el poema hablara en voz baja para no romper el silencio de una habitación en la que la fotografía conserva una presencia y, al mismo tiempo, confirma una pérdida. Ahí reside una de sus claves más hondas: la imagen fija parece devolver a la persona ausente, pero también la deja atrapada en un tiempo que ya no puede avanzar.
El tono se mueve con mucha naturalidad entre la ternura, la desolación y una especie de incredulidad dolorida. Hay versos que parecen nacidos del recuerdo amoroso, como “la tímida sonrisa / que he amado tantas noches”, pero esa dulzura queda enseguida atravesada por el espanto de lo definitivo: lo que antes fue vida compartida ahora se vuelve prueba de una separación insoportable. Esa mezcla de intimidad coloquial y reflexión sentimental encaja muy bien con la estética de la poesía de la experiencia, corriente en la que se sitúa la trayectoria de García Montero y que se caracteriza por acercar la poesía a la memoria, lo cotidiano y la conciencia del tiempo.
También resulta muy sugerente la red de símbolos que el poema va dejando. La “fotografía” no es un simple objeto: funciona como emblema de una presencia detenida, muda, incapaz de responder, aunque siga “vigilando” al yo poético cinco años después. Los “labios de papel” intensifican esa sensación, porque reúnen deseo y frustración en una sola imagen: siguen siendo deseables, pero pertenecen ya a un cuerpo convertido en materia frágil, casi fantasmal. Cuando aparece “el rubio corazón que cuelga en las paredes”, el recuerdo se hace doméstico y corporal a la vez, como si el amor sobreviviera en restos visibles de una vida truncada.
Otro acierto del poema está en la manera de narrar el pasado sin dejar de pensar desde el presente. El paréntesis central ensancha la memoria y reconstruye una escena antigua con detalles concretos —la sonrisa, el alcohol, el champagne, la tregua—, pero todo ese episodio queda reinterpretado desde el saber posterior de la pérdida. Dicho de un modo sencillo, el poema recuerda dos veces: primero revive una noche; después la contempla desde muchos años más tarde, cuando ya se sabe que “te traicionó el futuro”. Esa expresión convierte el tiempo en una fuerza casi moral, como si el porvenir hubiera incumplido una promesa elemental de continuidad.
En esa elaboración del recuerdo se percibe además un diálogo de fondo con la tradición elegíaca, es decir, con la poesía que lamenta una pérdida y trata de darle forma verbal al dolor. El propio título del libro, Tristia, remite a las Tristes de Ovidio, una obra marcada por la aflicción y la escritura del desamparo, de modo que el poema se deja leer también como una elegía contemporánea, urbana y amorosa. Sin adoptar un tono solemne o retórico, recoge esa herencia y la vuelve cercana mediante un lenguaje conversacional, uno de los rasgos más reconocibles de la poesía de Luis García Montero.
Hay, por último, un detalle decisivo en el cierre: “Bésame y resucita / si es posible”. El poema termina pidiendo un imposible, y precisamente por eso conmueve tanto. No busca una consolación fácil ni una belleza decorativa, sino que lleva hasta el extremo el deseo de devolver la vida a quien solo puede regresar como memoria. En ese gesto final late la gran emoción del poema: el amor no acepta del todo la muerte, aunque la razón sepa que no hay respuesta.
Audio: Víctor Villoria
Algunas pocas cosas te rodean ahora.
Tal vez te creas inmortal
esta noche de mundo,
cuando tu cuerpo no se decide aún
a creer en la historia,
y me miras triste
—cinco años ya vigilándome muda—,
desde la seriedad y la fotografía.
(Aquella noche eras
la sombra hermosa de la vida.
Recordarás el gesto indeciso de tu boca
cuando te sorprendieron, la tímida sonrisa
que he amado tantas noches
y que ahora me espanta.
No sé si fue el alcohol lo que te hizo bella,
si suponía el tiempo la herida que tus labios
le hicieron al champagne,
cuando sólo pedías la pasión de una tregua.
Precisamente entonces
te traicionó el futuro, y ya no fue fugaz
lo que ahora me insiste y me interroga,
como si tú supieras
que yo iba a estar insomne muchos años después
careciendo ante ti de todos los recursos).
Te recuerdan algunos
protegiendo tus piernas al impudor del viento;
pero yo deseo tus labios de papel,
el rubio corazón que cuelga en las paredes
y que nunca entendió
muy bien lo del suicidio.
Aquí
no es diaria ni justa la existencia.
Bésame y resucita
si es posible.
Luis García Montero, Tristia, 1982
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!










