Espero curarme de ti de Jaime Sabines

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By Víctor Villoria

Espero curarme de ti de Jaime Sabines

En «Espero curarme de ti», Jaime Sabines transforma una ruptura amorosa en una escena de convalecencia. La voz del poema no idealiza el desamor ni pretende ocultar su dolor: lo trata como una dependencia de la que se quisiera salir, aunque todavía se sabe profundamente ligada a aquello que intenta abandonar. Desde el primer verso, «Espero curarme de ti en unos días», amar aparece como una enfermedad íntima y contradictoria, una herida que necesita tiempo, abstinencia y soledad para cerrarse.

El tono combina la confesión directa con una ironía amarga. Expresiones como «debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte» acercan a la persona amada a una sustancia necesaria y dañina a la vez. Los verbos «fumar» y «beber» sugieren una relación incorporada al cuerpo, convertida en hábito y deseo. No se trata solamente de recordar a alguien: se trata de necesitarlo. Esa manera de hablar, cercana a la conversación cotidiana, es una de las grandes fuerzas de Sabines: permite que una experiencia compleja se exprese sin solemnidad, con una claridad que no disminuye su intensidad.

La idea de la curación se desarrolla mediante un vocabulario médico deliberadamente sencillo: «prescripciones», «me receto», «abstinencia». Pero el remedio resulta imposible de cumplir por completo, porque quien habla sigue imaginando el amor, midiéndolo y preparando un último gesto de entrega. La repetición de «una semana» marca ese intento de poner plazo a lo que, por naturaleza, se resiste a obedecer calendarios. Una semana parece poco frente a la duración de un afecto, pero también puede contener una vida entera de recuerdos. El poema juega así con una paradoja: desea terminar el vínculo y, al mismo tiempo, necesita prolongarlo unos días más para despedirse de verdad.

La imagen de reunir «todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra» y prenderles fuego convierte el lenguaje amoroso en una inmensa hoguera. Quemar esas palabras significa intentar destruir los lugares comunes, las promesas y las fórmulas repetidas que ya no bastan ante una pérdida concreta. Sin embargo, el fuego no solo arrasa: también «calienta». La voz poética conserva incluso en la destrucción un deseo de abrigo para la persona amada. En esa tensión entre quemar y proteger aparece una forma de amor que no ha dejado de existir, aunque ya no sepa cómo sostenerse.

Uno de los hallazgos más delicados del poema se encuentra en la defensa del silencio: «las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada». La afirmación propone que el afecto no vive únicamente en las declaraciones explícitas, sino también en las pausas, las miradas, la convivencia y los gestos que ya no necesitan explicación. Por eso cobra importancia el «lenguaje lateral y subversivo»: lateral porque avanza por los márgenes de la conversación corriente; subversivo porque altera el sentido aparente de las frases. Decir «qué calor hace», «dame agua» o «¿sabes manejar?» puede significar, entre dos personas que comparten un código íntimo, «te quiero». El poema revela que amar también consiste en inventar un idioma secreto dentro del idioma común.

La reiteración de «te quiero» no funciona aquí como una declaración convencional, sino como un sentido escondido que reaparece detrás de frases aparentemente insignificantes. Sabines muestra que las palabras más sencillas pueden cargarse de memoria cuando dos personas las han vivido juntas. De este modo, el poema no describe una historia amorosa mediante grandes acontecimientos, sino mediante pequeños restos verbales: frases domésticas, preguntas prácticas, comentarios casuales. Lo cotidiano se vuelve entonces el verdadero archivo del vínculo.

El cierre renuncia a cualquier solución tranquilizadora. La voz quiere reunir «todo el amor del tiempo» para entregarlo sin condiciones: la otra persona podrá «guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura». Esa enumeración expresa una entrega extrema, pero también una dolorosa aceptación de la libertad ajena. Cuando afirma «No sirve, es cierto», el poema no niega que el amor haya sido real; reconoce, más bien, que su intensidad no garantiza que pueda salvar una relación. La imagen final, «estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón», concentra la desorientación de quien abandona una pasión desbordada para enfrentarse a una quietud semejante a la muerte. Entre la fiebre y el vacío, queda la palabra poética como el lugar donde el amor puede arder una última vez.

Audio: Víctor Villoria. ✉️

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?».Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero».)

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Jaime Sabines, Algunos poemas de Yuria, 1967

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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