Comentario
Hermosas ninfas de Garcilaso de la Vega
A orillas de un río imaginado como un espacio de cristal y piedra luminosa, Garcilaso de la Vega sitúa una súplica amorosa de extraordinaria delicadeza. El poeta se dirige a unas ninfas, divinidades de las aguas heredadas de la mitología clásica, para pedirles que interrumpan un instante sus labores y escuchen la pena que lo consume. La escena combina la serenidad de ese mundo acuático con la inquietud de una voz que se siente próxima al desbordamiento.
El poema pertenece al clima cultural del Renacimiento, que recuperó con entusiasmo los relatos, las figuras y la armonía artística del mundo grecolatino. Las “moradas / de relucientes piedras” y las “columnas de vidrio” crean un paisaje ideal, alejado de lo cotidiano, donde las ninfas bordan, tejen y conversan sobre “los amores y las vidas”. Esa imagen apacible procede de la tradición pastoril y mitológica, presente también en la poesía de Virgilio y en las églogas de Garcilaso, pero adquiere aquí un sentido muy personal: la calma de las ninfas hace aún más visible el desconsuelo del hablante.
La repetición de “agora” organiza los primeros versos como una sucesión de posibilidades. No importa exactamente qué estén haciendo las ninfas; el poeta las imagina absorbidas por tareas delicadas o por relatos de amor, y esa imaginación acentúa la distancia entre ellas y quien las invoca. Frente a su ocio armonioso, aparece un caminante que no les va a ocupar mucho tiempo: “no os detendréis mucho según ando”. La expresión transmite prisa, pero también abatimiento, como si el dolor lo condujera inevitablemente hacia un final que ya presiente.
El cierre concentra la emoción en una imagen de gran belleza: el amante teme que las ninfas no puedan escucharlo “de lástima” o imagina que terminará “convertido en agua aquí llorando”. El llanto se funde con el río, de modo que la pena humana parece disolverse dentro del paisaje. La fantasía de ser agua no es solo una exageración sentimental; convierte el sufrimiento en una transformación poética y permite que las ninfas, habitantes naturales de ese elemento, puedan “allá despacio” consolarlo.
La estructura del soneto contribuye a ese movimiento emocional. Los dos cuartetos presentan a las ninfas y su mundo ideal; los tercetos introducen la petición y conducen hacia la imagen final del llanto. La voz comienza con una llamada cortés, “dejad un rato la labor”, y termina en una visión extrema de su propio dolor. Así, la composición convierte una escena mitológica en una experiencia íntima: tras la transparencia del agua, las piedras brillantes y las telas delicadas late la soledad amorosa de quien busca en la naturaleza un alivio que no encuentra entre los seres humanos.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
Hermosas ninfas que, en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas;
agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas;
agora unas con otras apartadas,
contándoos los amores y las vidas;
dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabeza a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando;
que o no podréis de lástima escucharme,
o, convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.
Garcilaso de la Vega
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!





