Comentario
Otro aquí no se ve de Francisco de Aldana
En este soneto de Francisco de Aldana, la guerra aparece no como una hazaña gloriosa, sino como una experiencia total de violencia que invade los cinco sentidos y desmantela cualquier ideal heroico. Desde el primer verso, el poema levanta una escena visual de combate —escuadrones, sangre, tierra manchada—, pero muy pronto esa apariencia épica empieza a agrietarse, porque lo que se oye, lo que se huele, lo que se gusta y lo que se toca no conduce a la exaltación, sino a una percepción física y casi insoportable de la destrucción.
Una de las claves más sugerentes está en el contraste entre el lenguaje aparentemente elevado y la crudeza de lo que se describe. Expresiones como “dulce son” o “süave olor” funcionan con una ironía muy clara: dicen una cosa, pero empujan a entender justamente la contraria. Ese procedimiento da al poema una fuerza especial, porque enfrenta el viejo discurso de la gloria militar con la materia real de la batalla: “humo de azufre”, “agua corrompida”, “carne molida”. El resultado es una lectura incómoda y lúcida, en la que la belleza formal del soneto se pone al servicio de una verdad amarga.
También llama la atención la manera en que el poema avanza como si recorriera un mapa sensorial. Primero domina la vista; después irrumpen el oído y el olfato; más tarde aparecen el gusto y el tacto. Esa organización no es un adorno técnico, sino una forma de mostrar que la guerra lo ocupa todo y que no deja ningún espacio limpio, ni exterior ni interior. En vez de contemplar la batalla desde lejos, el poema obliga a entrar en ella a través del cuerpo, y por eso cada imagen parece más cercana y más áspera que la anterior.
Aldana, figura central del Renacimiento español, escribe aquí un soneto que dialoga de forma muy particular con la tradición heroica de su tiempo. Frente a otros textos que convierten la guerra en materia de prestigio o de celebración, este poema deja ver una sensibilidad desengañada, más atenta al coste humano que al brillo de la victoria. Incluso el grito “¡España, Santïago, cierra, cierra!” conserva su energía sonora, pero queda enmarcado en un paisaje de violencia que lo vuelve problemático, como si el fervor colectivo no pudiera borrar el espanto que lo rodea.
El remate final, “¡Oh sólo de hombres digno y noble estado!”, concentra buena parte de la ambigüedad del poema. Puede sonar a elogio solemne, pero después de la cadena de imágenes corporales y brutales, ese cierre se lee más bien como una amarga reflexión sobre la condición humana: sólo el hombre parece capaz de llamar noble a un escenario de huesos rotos, acero ensangrentado y cuerpos despedazados. En ese punto, el soneto también enlaza con una tradición clásica que ya había encontrado en Virgilio una expresión memorable de la violencia bélica, esos “horrida bella” que resumen la belleza formal y el espanto moral con que tantas veces se ha representado la guerra. Ahí reside buena parte de la grandeza del texto: en su capacidad para conservar la música y la tensión verbal del soneto clásico mientras deja, por debajo, una impresión de desengaño profundamente moderna.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
Otro aquí no se ve que, frente a frente,
animoso escuadrón moverse guerra,
sangriento humor teñir la verde tierra,
y tras honroso fin correr la gente.
Este es el dulce son que acá se siente:
«¡España, Santïago, cierra, cierra!»
y por süave olor, que el aire atierra
humo de azufre dar con llama ardiente.
El gusto envuelto va tras corrompida
agua, y el tacto sólo apalpa y halla
duro trofeo de acero ensangrentado,
hueso en astilla, en él carne molida,
despedazado arnés, rasgada malla.
¡Oh sólo de hombres digno y noble estado!
Francisco de Aldana
Te gustará también
Autor
-
Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!










