Comentario
El desayuno de Luis Alberto de Cuenca
“El desayuno”, incluido en El hacha y la rosa (1993), presenta una escena amorosa cotidiana con una naturalidad que pronto se transforma en juego, deseo y celebración de la intimidad. Su autor, Luis Alberto de Cuenca, construye la voz de alguien enamorado no de una figura ideal e inalcanzable, sino de una persona concreta, llena de hábitos, equivocaciones, ocurrencias y energía vital.
El tema principal es, por tanto, el amor entendido como aceptación gozosa de la persona real. La voz poética no enumera únicamente virtudes: también celebra que la amada diga “tonterías”, “meta la pata”, mienta o provoque que él llegue tarde al cine. Esa combinación resulta esencial, porque muestra un afecto capaz de incorporar las pequeñas imperfecciones de la vida diaria. El poema sugiere que amar consiste, en buena medida, en encontrar encanto incluso en aquello que, visto desde fuera, podría parecer molesto o insignificante.
El tono es cercano, humorístico y apasionado. La voz poética habla con la espontaneidad de una conversación, pero su entusiasmo crece de manera muy calculada. La repetición de “Me gustas” funciona como una especie de estribillo: cada aparición añade un nuevo motivo de admiración y hace avanzar la intensidad del sentimiento. Primero aparecen situaciones domésticas y anecdóticas; después, gestos afectivos como los besos, la risa o el perdón; finalmente, el poema alcanza su punto culminante en el despertar y en la frase que da sentido al conjunto: “Voy a empezar contigo el desayuno”.
La estructura se apoya en una progresión muy clara. La expresión “Pero aún me gustas más” introduce un giro decisivo: todo lo anterior, que ya parecía suficiente para explicar el enamoramiento, queda superado por la imagen de la mujer “llena de vida” al despertar. La enumeración de cualidades y escenas desemboca así en una revelación sencilla: la máxima atracción no nace de una pose preparada, sino de la vitalidad espontánea de la amada. El poema convierte un momento corriente de la mañana en una escena de intensa complicidad.
Uno de los recursos más llamativos es la mezcla de registros. Junto a expresiones coloquiales como “cuando metes la pata” o “cuando te vas de compras con tu madre”, aparece una imagen sorprendente y de gran fuerza: “tu risa es una ducha en el infierno”. Se trata de una metáfora, es decir, de una comparación expresada sin utilizar “como”. La risa se presenta como algo refrescante y salvador en un lugar asociado al calor, el sufrimiento y la condena. La imagen exagera deliberadamente el poder de esa risa y aporta al poema un destello de humor irreverente.
También resulta significativa la convivencia entre lo elevado y lo cotidiano. El cumpleaños, los besos, las tartas, el cine, las compras y el desayuno pertenecen al mundo reconocible de cualquier relación; sin embargo, la intensidad con que se contemplan convierte esos detalles en símbolos de una felicidad compartida. La comida desempeña un papel especial: las tartas anuncian el placer festivo y el hambre de la última escena enlaza el deseo físico con el afecto. El desayuno no es solo una comida, sino el comienzo de una experiencia amorosa que la pareja va a compartir.
La frase final admite además una lectura deliberadamente ambigua. “Empezar contigo el desayuno” puede entenderse literalmente, como una manera juguetona de expresar hambre y deseo de compañía, pero también contiene una insinuación erótica evidente. El poema no necesita describir nada de forma explícita: le basta con dejar que el doble sentido complete la escena. Esa insinuación mantiene el equilibrio entre ternura, humor y sensualidad, y evita que el cierre resulte solemne o sentimental.
La composición dialoga con una larga tradición de poemas amorosos en los que el deseo se expresa mediante la alabanza de la persona amada. Puede recordar, por contraste, los modelos idealizados del amor cortés, porque aquí la amada también ocupa el centro de la admiración; pero se distancia de ellos al sustituir la perfección abstracta por una mujer que se equivoca, compra con su madre, olvida y despierta con hambre. En esa transformación reside buena parte de su modernidad: el amor ya no necesita apartarse de la vida corriente, sino que encuentra en ella su materia principal.
El poema destaca, en definitiva, por presentar el amor como una forma de atención. La voz poética observa gestos mínimos y los convierte en motivos de alegría, hasta descubrir que la persona amada resulta más deseable cuando se muestra sin artificio. La repetición, la exageración humorística, la imagen de la “ducha en el infierno” y el doble sentido del desayuno se unen para construir una celebración luminosa de la convivencia. Su encanto procede precisamente de esa mezcla: habla de un sentimiento intenso sin abandonar nunca la conversación, la ironía ni el placer de las cosas sencillas.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
“Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno.”
Luis Alberto de Cuenca, El hacha y la rosa, 1993
Poema procedente de ACEC
Te gustará también






Canción de cuna para dormir a un preso de José Hierro
Autor
-
Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

