Comentario
A Francisco Salinas de Fray Luis de León
«A Francisco Salinas», oda III de la poesía original de Fray Luis de León, celebra la capacidad de la música para transformar el alma. El homenaje al músico se convierte en una meditación sobre la belleza y el deseo de alcanzar una realidad superior. Su tono avanza desde la serenidad inicial hasta el entusiasmo del éxtasis.
Desde «El aire se serena», la música parece iluminar el mundo: lo sonoro se expresa mediante sensaciones visuales, como «hermosura y luz no usada». Esa claridad despierta al alma, que recuerda su origen y deja de valorar el oro y la belleza pasajera. La composición enlaza así con el neoplatonismo, tradición filosófica que interpreta la belleza sensible como camino hacia una perfección espiritual.
El recorrido asciende desde la música de Salinas hasta la armonía del universo. Dios aparece como «gran maestro» y el cosmos como una «inmensa cítara»: el mundo se imagina como un instrumento cuyo orden responde a proporciones musicales. El alma reconoce esa armonía y participa en ella, hasta perderse en un «mar de dulzura».
La experiencia culmina en «¡Oh, muerte que das vida!», paradoja que reúne ideas aparentemente contradictorias: alejarse de las preocupaciones terrenales permite vivir con mayor plenitud espiritual. Las exclamaciones repetidas intensifican el arrebato. Las diez liras, estrofas de cinco versos que alternan siete y once sílabas, sostienen con su ritmo esa aspiración al equilibrio.
El cierre vuelve a Salinas y completa un movimiento circular. Los sentidos, primero cautivados por una música humana, despiertan ahora «al bien divino». Ahí reside la transformación central: la música no ofrece únicamente placer, sino una forma de conocimiento y de liberación interior.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música estremada ,
por vuestra sabia mano gobernada.
A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida .
Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora;
el oro desconoce,
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca, engañadora.
Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera ,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es de todas la primera.
Ve cómo el gran maestro,
aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado,
con que este eterno templo es sustentado.
Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta;
y entrambas a porfía
se mezcla una dulcísima armonía.
Aquí la alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él ansí se anega
que ningún accidente
estraño y peregrino oye o siente.
¡Oh, desmayo dichoso!
¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!
¡Durase en tu reposo,
sin ser restituido
jamás a aqueste bajo y vil sentido!
A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro ,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro;
que todo lo visible es triste lloro.
¡Oh, suene de contino ,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos
quedando a lo demás amortecidos!
Fray Luis de León, Oda III
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

