A don Francisco de Quevedo de Góngora

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By Víctor Villoria

A don Francisco de Quevedo de Góngora

Pocas veces una sátira revestida de erudición y malicia personal se presenta ante el lector con la elegancia cruel de este soneto que Luis de Góngora dirigió contra Francisco de Quevedo. El poema se dirige a quien la voz lírica denomina «Anacreonte español», epíteto que remite al célebre poeta griego, conocido por su lírica festiva y sensual, pero que aquí funciona como una ironía devastadora. Góngora despliega una elegancia paródica que juega tanto con la tradición clásica como con la burla personal más descarnada, espacio en el que ambos poetas eran consumados maestros del insulto refinado.

El tema central gira en torno a la sátira personal disfrazada de crítica literaria, atacando despiadadamente los defectos físicos de Quevedo. Góngora se burla con refinada crueldad de los pies zambos de su rival («vuestros pies son de elegía»), jugando con el doble sentido métrico y anatómico, pues la elegía es composición lírica con versos de diferentes medidas, como las piernas de Quevedo, que hacían cojear al escritor madrileño. La referencia a «suavidades son de arrope» introduce un elemento hiperbólico burlándose así de la supuesta dulzura poética de Quevedo mediante una imagen cotidiana.

La alusión al «terenciano Lope» es doblemente mordaz: se refiere a Lope de Vega y su capacidad para adaptar la tradición clásica, pero la mención a Belerofonte encierra una burla aún más sutil. En la mitología griega, Belerofonte era el héroe que domó a Pegaso, el caballo alado, y venció a la Quimera, pero que finalmente cayó en desgracia por su soberbia al intentar llegar al Olimpo. Góngora sugiere así que Quevedo, como Belerofonte, tiene aspiraciones desmesuradas que lo llevarán a la caída, mientras que los «zuecos de cómica poesía» evocan tanto el calzado tosco como el género teatral menor, insinuando que la poesía de Quevedo pertenece al registro bajo y cómico.

El segundo cuarteto intensifica la mofa al referirse a los «antojos» de Quevedo, término hoy desusado que en la época designaba las gafas que el escritor necesitaba por su severa miopía. Góngora juega con la ironía de que quien pretende «traducir al griego» los clásicos no ha podido siquiera «mirarlos» con sus propios ojos, sugiriendo tanto la incapacidad física como la incompetencia intelectual. La petición burlesca de que le preste sus gafas «a mi ojo ciego» (clara alusión escatológica) intensifica el sarcasmo, pues Góngora finge necesitar ayuda para «sacar a luz ciertos versos flojos», es decir, para exponer la mediocridad poética de su rival a través de una imagen que identifica versos flojos con ventosidades del «ojo ciego».

El tono es implacablemente burlesco y cruel, propio de la tradición satírica del Barroco español, donde la enemistad literaria se expresaba mediante la descalificación personal más despiadada. La referencia final a «cualquier greguesco» (tipo de calzón ancho) completa el círculo de burlas a través de la similitud fonética entre greguesco y griego voliviendoo a insistir en el supuesto desconocimiento de la lengua griega por parte de Quevedo. 

Las claves de lectura emergen en las múltiples capas de significado que operan simultáneamente: la crítica literaria, la burla física, la rivalidad personal y la demostración de superioridad cultural. El poema funciona como una exhibición de ingenio culto donde cada verso encierra múltiples referencias y juegos conceptuales. La crueldad refinada con que Góngora ataca las limitaciones físicas de Quevedo – su cojera congénita y su miopía severa – revela tanto la mentalidad de la época como la intensidad del odio personal que subyacía a estas polémicas literarias. El soneto ejemplifica perfectamente cómo en el Siglo de Oro la sátira personal alcanzaba cotas de refinamiento técnico y crueldad psicológica que convertían el insulto en arte, demostrando que la enemistad entre estos dos genios de las letras españolas trascendía lo meramente literario para convertirse en una guerra total donde ningún defecto personal quedaba a salvo del escarnio poético.

Anacreonte español, no hay quien os tope,
que no diga con mucha cortesía,
que ya que vuestros pies son de elegía,
que vuestras suavidades son de arrope.

¿No imitaréis al terenciano Lope,
que al de Belerofonte cada día
sobre zuecos de cómica poesía
se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
dicen que quieren traducir al griego,
no habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
por que a luz saque ciertos versos flojos,
y entenderéis cualquier greguesco luego.

Luis de Góngora. Atribuido ¿1609?

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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