Comentario
Bolero para Jaime Gil de Biedma de Goytisolo.
En “Bolero para Jaime Gil de Biedma”, José Agustín Goytisolo deja ver una escena de amistad profundamente humana: alguien observa a otro con una mezcla de ironía, afecto y desvelo, como si detrás de las rarezas cotidianas —hablar de “gente ya olvidada”, evocar “calles lejanísimas” o beber más de la cuenta— se adivinara una herida interior que todavía no tiene nombre. El poema se presenta así como una conversación íntima en voz alta, casi confidencial, donde la cercanía entre quien habla y Jaime Gil de Biedma convierte cada observación en algo más que un reproche: en una forma de cuidado.
El tema principal gira en torno a la soledad que avanza casi sin hacer ruido, disfrazada de costumbre, de nostalgia o de mal humor. Por eso resulta tan eficaz el tono del poema: empieza con una familiaridad casi burlona, con ese “yo entiendo de estas cosas”, pero poco a poco se desliza hacia una inquietud verdadera, hasta desembocar en una imagen final conmovedora, la del hombre que puede acabar “igual que un perro viejo / sin dueño y sin collar”, símbolo muy claro del desamparo, de la pérdida de vínculos y de una intemperie emocional que ya no se puede disimular.
Una de las claves de lectura más interesantes está en el propio título, “Bolero”, que sugiere una composición atravesada por la música sentimental de ese género: intensidad afectiva, cadencia conversacional y una cierta inclinación a la confesión amorosa o melancólica. Esa huella musical no obliga a pensar en un poema para ser cantado, pero sí ayuda a percibir su ritmo reiterativo, muy visible en la insistencia de “a pensar, a pensar”, una repetición que funciona como eco obsesivo y que transmite el peligro de quedar atrapado en la conciencia de uno mismo.
También importa mucho el contraste entre lo concreto y lo simbólico. Las “farolas a gas”, las “huelgas de tranvías”, el “parque”, el “bar” o las “frías sábanas” dibujan un mundo reconocible, urbano y cotidiano, pero al mismo tiempo van componiendo una atmósfera de pasado, desgaste y extrañamiento; no son solo lugares o recuerdos, sino señales de una vida que empieza a mirarse desde lejos. En ese sentido, el poema dialoga muy bien con la poesía de la llamada Generación del 50, donde la experiencia personal, la conversación coloquial y la reflexión moral suelen entrelazarse sin grandilocuencia.
Lo más atractivo es quizá la naturalidad con que el poema transforma una escena casi anecdótica en una pequeña revelación sobre la fragilidad humana. No hace falta apoyarse en un aparato técnico complejo para disfrutarlo: basta seguir esa voz que parece bromear y termina rozando una verdad incómoda, la de que a veces el mayor peligro no está en el escándalo exterior, sino en el momento en que alguien se queda a solas con sus pensamientos. Ahí reside buena parte de su fuerza: en haber convertido la amistad, la preocupación y el miedo a la soledad en una forma de poesía cercana, inteligente y hondamente emotiva.
Audio: Víctor Villoria
A ti te ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas,
hablas a cada rato
de gente ya olvidada,
de calles lejanísimas
con farolas a gas,
de amaneceres húmedos
de huelgas de tranvías.
cantas horriblemente,
no dejas de beber
y al poco estás peleando
por cualquier tontería,
yo que tú ya arrancaba
a que me viera el médico
pues si no un día de estos
en un lugar absurdo
en un parque, en un bar
o entre las frías sábanas
de una cama que odias
te pondrás a pensar,
a pensar a pensar
y eso no es bueno nunca…
porque sin darte cuenta
te irás sintiendo solo
igual que un perro viejo
sin dueño y sin collar.
José Agustín Goytisolo, Bajo tolerancia, 1973
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!





