No tires las cartas de amor de Joan Margarit

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By Víctor Villoria

No tires las cartas de amor de Joan Margarit

En Joan Margarit, la emoción suele entrar sin alzar la voz, y en “No tires las cartas de amor” aparece convertida en una advertencia serena que guarda, en muy pocos versos, toda una educación sentimental. El poema avanza con la claridad de quien ha aprendido que casi todo se pierde, pero que algunas palabras escritas a mano resisten mejor que el deseo, la belleza e incluso ciertas formas de la memoria.

Su tema principal es el paso del tiempo y la inesperada permanencia de aquello que parecía más frágil. Lo que en un principio podría parecer un simple consejo doméstico —no deshacerse de unas cartas— acaba revelándose como una intuición mucho más honda: las cartas conservan una verdad de la vida que ni los años ni el desgaste interior consiguen borrar del todo. Por eso el tono resulta tan característico: contenido, meditativo, levemente melancólico, pero nunca enfático; hay en él una sobriedad muy cercana a esa poesía clara y experiencial que suele vincularse con la poesía de la experiencia, es decir, una escritura que parte de lo vivido y lo convierte en una reflexión reconocible.

Una de las claves de lectura más hermosas está en la oposición entre lo que desaparece y lo que permanece. “El deseo” se borra, los rostros se hunden “al fondo de un espejo”, “caerán los años”, “te cansarán los libros” y hasta se anuncia la posibilidad extrema de “perder” la poesía. Todo parece deslizarse hacia una especie de empobrecimiento de la experiencia, como si la vida fuese dejando al ser humano cada vez con menos cosas. Sin embargo, justamente en ese descenso, las cartas sobreviven y pasan a ocupar un lugar último y decisivo: serán “tu última literatura”. En ese cierre, la literatura deja de ser un prestigio cultural y se convierte en refugio, en resto salvado, en compañía contra la intemperie.

También conviene detenerse en algunos símbolos que el poema maneja con extraordinaria naturalidad. La imagen del deseo como “esta flecha de sombra” condensa una pasión que hiere, atraviesa y, al mismo tiempo, se desvanece; es una metáfora, es decir, una identificación poética entre dos realidades, que aquí vuelve visible lo fugitivo. El “espejo” sugiere memoria, identidad y también lejanía: los rostros amados no desaparecen del todo, pero quedan hundidos en una zona interior, ya inaccesible. Y el “ruido de ciudad en los cristales” transforma el paisaje cotidiano en una música fría, casi deshumanizada, frente a la calidez íntima que guardan las cartas.

El poema gana fuerza, además, por su modo de repetir una misma dirección emocional sin necesidad de repeticiones aparatosas. Muchos versos están construidos como pequeñas afirmaciones inevitables: “El tiempo pasará”, “Caerán los años”, “Te cansarán los libros”. Esa cadencia profética, casi sentenciosa, da al texto una gravedad serena, como si alguien estuviera nombrando leyes discretas de la existencia. No hay aquí ornamentación sobrante: esa economía expresiva recuerda la idea, tan querida por el propio autor, de que un poema debe sostenerse con pocas palabras y con una estructura firme, casi como una obra de arquitectura.

Leído junto a otros textos de Joan Margarit, este poema comparte una preocupación constante por la pérdida, la memoria y el valor consolador de la palabra. No hace falta buscar en él una historia amorosa concreta; su acierto consiste precisamente en elevar un objeto humilde y reconocible a la categoría de signo universal. Las cartas de amor importan menos como reliquia romántica que como testimonio de que una vida fue verdadera mientras ardía. Esa es, quizá, la razón de su emoción duradera: al final, cuando tantas cosas se apagan, queda en ellas no solo el eco del amor, sino una forma última de lectura del propio pasado.

Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
—esta flecha de sombra—
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
e, incluso, perderás la poesía.
Un frío ruido de ciudad
en los cristales
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.

Joan Margarit, Todos los poemas, 1975-2012

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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