Comentario
Da vergüenza decirlo de Luis García Montero
En “Da vergüenza decirlo”, Luis García Montero levanta una escena íntima y reconocible: la de alguien que descubre, casi con pudor, que la vida se había ido llenando de costumbre, de acomodo y de verdades a medias, hasta que la irrupción del amor vuelve imposible seguir viviendo en esa calma tibia. El poema, incluido en Completamente viernes, publicado en 1998, convierte esa confesión sentimental en una pequeña travesía interior, muy característica de una poesía que suele acercarse a la experiencia cotidiana con lenguaje claro, tono reflexivo y una emoción contenida, rasgos con los que suele identificarse tanto a su autor como a la llamada poesía de la experiencia.
El tema principal gira en torno al choque entre una existencia instalada en la comodidad y una pasión que desordena esa falsa serenidad. Lo más interesante es que no se presenta el amor como simple entusiasmo, sino como una fuerza que obliga a reconocer una vida hecha de “medios sentimientos”, “verdades medianas” y “pasiones dormidas”, expresiones que resumen muy bien un mundo rebajado, incompleto, casi adormecido; por eso la repetición de “Da vergüenza decirlo” funciona como una llave emocional: cada vez que vuelve, deja oír la mezcla de sinceridad, rubor y derrota con la que el yo poético se mira a sí mismo.
Una de las claves de lectura más sugerentes está en el juego de símbolos. Los “ojos vendados” hablan de una vida guiada hacia un refugio donde no se vea demasiado, donde no haya que recordar del todo el camino recorrido; la “casa” alude a una identidad construida con hábitos y renuncias; y el “mar”, al final, aparece como imagen de apertura, de riesgo y también de entrega. Cuando el poema pasa de ese “refugio sereno” a la “tormenta”, se entiende que el conflicto verdadero no está entre calma y agitación, sino entre una paz falsa y una verdad más intensa, aunque resulte insegura.
También merece atención la manera en que el poema avanza por insistencias y variaciones. La frase “no te ha sido posible”, repetida como una especie de estribillo, actúa casi como una voz de conciencia: primero suena a fracaso, pero poco a poco se transforma en revelación, porque lo que no ha sido posible es encerrar al otro en un mundo de medias verdades. Esa repetición, recurso muy frecuente en la poesía para fijar una emoción y darle música interior, va acompañada por imágenes encadenadas de la noche, el viento, la gente y las calles, como si todo lo real conspirara para confirmar que el deseo verdadero rompe las defensas del personaje.
Hay además un eco literario que enriquece la lectura: la idea de la barca que abandona su abrigo recuerda una tradición muy amplia en la literatura amorosa, donde navegar significa exponerse, cambiar de vida o aceptar una incertidumbre fecunda. En García Montero, sin embargo, ese motivo clásico aparece dicho con una cercanía muy contemporánea, sin solemnidad, como si la gran aventura sentimental sucediera en medio de relojes, calles y cuerpos concretos; ahí reside buena parte de su atractivo, en esa capacidad para mezclar herencia literaria y conversación emocionada sin que se note la costura.
El tono del poema oscila así entre la confesión avergonzada, la melancolía y un impulso final de entrega. No hay sentimentalismo fácil, porque la emoción se sostiene en una lucidez constante: el hablante reconoce su antigua “derrota cómoda”, admite que quiso llevar al otro a un mundo menos vivo y termina aceptando que ya nada importa salvo “tu piel, / la piel de una tormenta”. Esa imagen final resume muy bien el sentido del poema: el amor aparece como una verdad que desordena, pero también como la única salida digna frente a la vida rebajada de las medias tintas.
Audio: Víctor Villoria
Con los ojos vendados,
para que no pudieses recordar el camino,
intenté conducirte
al refugio sereno donde guardé mi vida.
Da vergüenza decirlo,
pero a veces los años construyen una casa
de medios sentimientos,
de verdades medianas,
de pasiones dormidas como animales viejos,
de cenizas y sueños humillados.
Y el cuerpo se acostumbra,
y las sombras apoyan su cabeza
en un pecho de sombra,
y el corazón se siente en paz o se doblega
a una derrota cómoda sin heridas mortales.
Da vergüenza decirlo.
Con los ojos vendados
para que no pudieses recordar el camino,
intenté conducirte
a mi mundo sereno de verdades a medias.
No me ha sido posible.
Esta noche insegura,
que mueve los relojes con la prisa
de tu pulso más vivo,
me envuelve y me repite:
no te ha sido posible.
Esta noche de viento,
que fue soltando amarras hasta quedarse tuya
como un delirio de melena negra,
me llama y me confirma:
no te ha sido posible.
Esta noche de gente
que pasa por las calles con tus ojos,
con la forma que tienes de vestirte,
con tu sonrisa de país lejano,
esta noche me empuja y me convence:
no te ha sido posible.
Y aquí estoy yo,
que voy soltando amarras hasta quedarme tuyo
y camino hacia el mar
con los ojos cerrados,
como una barca deja su refugio,
una barca feliz que se repite:
no me ha sido posible,
porque nada me importa,
sólo tu piel,
la piel de una tormenta.
Da vergüenza decirlo.
Luis García Montero, Completamente viernes, 1998
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!









