Comentario
Llevó tras sí los pámpanos de Lupercio Argensola
Lupercio Leonardo de Argensola compone en este poema una escena de otoño que avanza con fuerza: octubre se lleva los “pámpanos”, las hojas de la vid; el río Ibero, identificado con el Ebro, crece hasta borrar sus límites; el Moncayo se cubre de nieve y la luz del sol parece cada vez más breve. La naturaleza no funciona solo como paisaje: su transformación anuncia el paso imparable del tiempo y prepara la última imagen, mucho más íntima, de Fabio llorando ante la puerta de Tais por los años que ha malgastado. La excelencia de estos versos fue reconocida ya por Lope de Vega, quien alabó este soneto entre las composiciones más logradas de Argensola.
El otoño era un asunto clásico de la poesía: sus hojas caídas, su luz menguante y la proximidad del frío ofrecían una imagen muy poderosa de la fugacidad de la vida. También aparece, con una tonalidad más serena y armoniosa, en la Oda a Juan de Grial de Fray Luis de León, donde la llegada de la estación se integra en una contemplación del orden natural. Argensola recoge esa tradición, pero la oscurece: el otoño no conduce aquí a la paz, sino al desengaño de quien descubre que su vida amorosa ha quedado sometida al desgaste del tiempo.
El tono combina la observación precisa del mundo exterior con una melancolía amorosa y moral que se va haciendo más intensa. Al principio, la mirada se detiene en la lluvia, el río, la montaña y el viento; después, esos elementos desembocan en una experiencia humana de derrota. El “aquilón”, nombre clásico del viento frío del norte, azota tanto el mar como los bosques y obliga a refugiarse a “gente en el puerto” y a “gente en la cabaña”. Esa repetición une, con una sencilla simetría, dos espacios sociales distintos: ante la inclemencia del tiempo, todos necesitan abrigo.
La composición es un soneto, es decir, una forma de catorce versos organizada en dos estrofas de cuatro versos y dos de tres. Su orden resulta especialmente significativo: los ocho primeros versos describen el otoño; los seis finales introducen el viento y, finalmente, a Fabio. El cierre modifica el sentido de todo lo anterior: la estación no era una mera estampa paisajística, sino el reflejo de un amor gastado y de una conciencia que descubre tarde el daño causado por el tiempo. Las “vergonzosas lágrimas” revelan que Fabio no solo sufre por un deseo insatisfecho, sino también por reconocerse responsable de haber entregado sus años a una pasión estéril.
La relación entre otoño y amor es, por tanto, directa. La pérdida de las hojas, el avance de la nieve y el sol oculto convierten el paisaje en una representación del enfriamiento afectivo: donde antes podía haber plenitud, ahora predominan la desnudez, la oscuridad y el frío. Tais, evocación de la célebre cortesana de la Antigüedad, concentra una tradición moral que asocia la pasión desordenada con la disipación de la vida. Fabio aparece “en el umbral”, detenido ante una puerta, pero también ante una frontera simbólica: comprende lo que ha perdido y no puede regresar a la juventud ni al amor que creyó poseer.
La reflexión sobre la fugacidad enlaza el poema con el Barroco, movimiento en el que la conciencia de la muerte, el desgaste y la inestabilidad de las cosas adquirió una presencia decisiva. También dialoga con el motivo latino del tempus fugit, expresión que significa “el tiempo huye”, y con las advertencias de la poesía moral sobre una existencia consumida sin provecho. Sin embargo, la voz de Argensola no se limita a enunciar esa lección: hace que el frío, la oscuridad y el desbordamiento del río permitan sentir físicamente cómo el mundo se inclina hacia el invierno y cómo Fabio advierte, demasiado tarde, su propio invierno amoroso.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
Llevó tras sí los pámpanos octubre,
y con las grandes lluvias insolente,
no sufre Ibero márgenes ni puente,
más antes los vecinos campos cubre.
Moncayo, como suele, ya descubre
coronada de nieve la alta frente,
y el sol apenas vemos en oriente
cuando la opaca tierra nos lo encubre.
Sienten el mar y selvas ya la saña
del aquilón, y encierra su bramido
gente en el puerto y gente en la cabaña.
Y Fabio, en el umbral de Tais tendido,
con vergonzosas lágrimas lo baña,
debiéndolas al tiempo que ha perdido.
Lupercio Argensola, hacia 1594
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!


