No me mires así a los ojos de Unamuno

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By Víctor Villoria

No me mires así a los ojos de Unamuno

Publicado en Poesías (1907), este poema de Miguel de Unamuno adopta la forma de un monólogo dramático en verso libre donde un padre se dirige a su hijo con inquietante franqueza. El texto pertenece a la vertiente más íntima de la producción unamuniana, alejada de los grandes temas históricos o filosóficos para adentrarse en el territorio del dolor personal y la angustia existencial que el poeta teme transmitir como herencia.

El tema central es la imposibilidad de la felicidad genuina y el deseo paterno de proteger al hijo del propio sufrimiento interior. La súplica inicial —»No me mires así a los ojos, hijo mío»— establece una distancia paradójica: el padre desea estar cerca pero necesita ocultar algo fundamental. La mirada funciona como vehículo de revelación profunda, capaz de «arrancar» el secreto que el padre guarda. Este secreto innombrado se presenta como algo tóxico: si llegara a conocerse, podría convertirse en «el veneno de tu pobre vida». El padre prefiere llevarse su dolor a la tumba antes que contaminar la existencia del hijo.

El poema da un giro sorprendente cuando el padre se autocorrige. Tras desear que nunca «la sombra de tu padre / te vele el sol de la alegría dulce», se detiene bruscamente: «¿Alegría te dije? / No, no te quiero alegre». Esta rectificación dramática introduce la sentencia más memorable del poema: «pues en la tierra / para vivir alegre / menester es ser santo o ser imbécil». Según esta visión pesimista, solo hay dos caminos hacia la alegría: la santidad —la trascendencia espiritual que supera el sufrimiento mundano— o la imbecilidad —la inconsciencia que ignora la tragedia de la existencia—. Entre ambos extremos se encuentra la lucidez dolorosa, aquella que comprende demasiado para ser feliz pero carece de la fe absoluta que consolida.

Los versos finales condensan la duda religiosa característica de Unamuno: «De imbécil, Dios te libre, / y de santo… ¡no sé lo que decirte!». El padre puede pedir con certeza que Dios libre al hijo de la ignorancia, pero cuando llega a la santidad, vacila. Los puntos suspensivos y la exclamación final revelan su perplejidad ante la fe, su incapacidad para recomendar un camino espiritual del que él mismo duda. Esta vacilación es típica del autor de la Generación del 98, marcado por una fe agónica —en el sentido etimológico de lucha— atravesada por la incertidumbre.

La elección del verso libre refuerza la sensación de confesión espontánea, de palabras que brotan urgentemente sin tiempo para ajustarse a moldes formales. Las repeticiones («nunca, nunca»; «No, no») añaden intensidad emocional, mientras que la autocorrección dramática crea un efecto de pensamiento en voz alta. El poema no ofrece resolución ni consuelo, solo la perplejidad compartida entre padre e hijo ante las grandes preguntas sobre la fe, el sentido y la posibilidad de la felicidad.

No me mires así a los ojos, hijo mío,
no quiero que me arranques mi secreto,
y cuando yo te falte
sea el veneno de tu pobre vida.
Nunca, nunca la sombra de tu padre
te vele el sol de la alegría dulce.
¿Alegría te dije?
No, no te quiero alegre,
pues en la tierra
para vivir alegre
menester es ser santo o ser imbécil.
De imbécil, Dios te libre,
y de santo… ¡no sé lo que decirte!

Miguel de Unamuno, Poesías, 1907

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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