Antonio Machado. He andado muchos caminos

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By Víctor Villoria

He andado muchos caminos de Antonio Machado

Este poema de Antonio Machado, también incluido en Soledades, Galerías y otros poemas, posee un carácter muy diferente al resto de composiciones de ese libro. Frente a la introspección melancólica y el simbolismo intimista que caracterizan la mayoría de los poemas de esa etapa, aquí Machado adopta un tono más directo y moral, casi sentencioso, para trazar un contraste radical entre dos tipos humanos que ha conocido en sus viajes. El poema se construye sobre una oposición clara: por un lado están los soberbios, los pedantes, los que «miran, callan, y piensan / que saben»; por otro, las gentes sencillas que «laboran, pasan y sueñan» sin aspavientos ni pretensiones.

El poeta comienza estableciendo su autoridad como observador experimentado: «He andado muchos caminos, / he abierto muchas veredas; / he navegado en cien mares, / y atracado en cien riberas». Esta declaración inicial, con su estructura anafórica que repite el «he» al principio de cada verso, sugiere una experiencia vital amplia y variada que le permite emitir juicios sobre la humanidad. No habla desde la teoría o desde el gabinete, sino desde el conocimiento directo del mundo y de sus gentes. La repetición de «en todas partes he visto» refuerza esta idea: el poeta ha sido testigo constante de los comportamientos humanos en los más diversos lugares.

La descripción de los personajes negativos es demoledora. Machado los presenta como «caravanas de tristeza, / soberbios y melancólicos / borrachos de sombra negra», imágenes que sugieren seres ensimismados, oscurecidos por su propia vanidad y amargura. Pero la crítica más punzante va dirigida a los «pedantones al paño / que miran, callan, y piensan / que saben, porque no beben / el vino de las tabernas». Esta imagen del vino de las tabernas como símbolo de la vida auténtica, del contacto directo con la realidad popular, resulta fundamental para entender el poema. Los pedantes son aquellos que se aíslan de la vida real, que observan desde la distancia con gesto crítico, pero que no participan, no se mezclan, no bajan al nivel de la gente común. Su sabiduría es falsa porque está desconectada de la experiencia vital. El calificativo final es contundente: «Mala gente que camina / y va apestando la tierra…», una condena moral sin paliativos.

El contraste llega con el segundo grupo, las «buenas gentes» que Machado describe con una ternura evidente. Son personas que «danzan o juegan, / cuando pueden, y laboran / sus cuatro palmos de tierra». La vida de estas gentes es humilde y limitada materialmente («cuatro palmos de tierra»), pero está llena de una sabiduría práctica y de una aceptación serena de las circunstancias. «Nunca, si llegan a un sitio, / preguntan adónde llegan»: esta frase encierra toda una filosofía de la existencia, la de quienes viven el presente sin angustiarse por metas o destinos. No tienen prisa, ni siquiera «en los días de fiesta»; se adaptan a lo que hay: «Donde hay vino, beben vino; / donde no hay vino, agua fresca». Esta capacidad de conformarse con lo disponible, de no pretender más de lo que la vida ofrece, es presentada como una virtud, como una forma de sabiduría superior a la de los pedantes.

El final del poema tiene una simplicidad conmovedora: «Son buenas gentes que viven, / laboran, pasan y sueñan, / y en un día como tantos, / descansan bajo la tierra». La muerte llega sin aspavientos, como parte natural del ciclo de la vida: un día más, un descanso más, pero definitivo. No hay dramatismo ni grandilocuencia, solo la constatación serena de la finitud humana. Este poema, aunque escrito en la etapa más modernista de Machado, anticipa ya la preocupación ética y social que caracterizará su obra posterior, especialmente en Campos de Castilla. La defensa de la gente sencilla frente a los soberbios y pedantes, la valoración de la vida humilde frente a las pretensiones intelectuales vacías, son temas que conectan con cierta tradición de realismo moral español y que convierten este poema en uno de los más accesibles y universales de toda la producción machadiana. Es, en definitiva, un canto a la autenticidad de la vida sencilla y una crítica feroz contra quienes, creyéndose superiores, se alejan de lo verdaderamente humano.

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra…
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.

Antonio Machado, Soledades, Galerías y otros poemas

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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