Comentario
A Dafne ya los brazos le crecían de Garcilaso de la Vega
El mito de Apolo y Dafne cobra en estos versos una intensidad casi cinematográfica: la joven ninfa se transforma, ante los ojos de quien la ama, en un laurel. Garcilaso de la Vega concentra en un soneto el instante doloroso en que la belleza humana se vuelve naturaleza, y convierte una antigua fábula clásica en una escena de emoción muy cercana.
El tema central es el amor imposible y su transformación en sufrimiento. Dafne escapa del deseo de Apolo y, para evitarlo, pierde su forma humana: los brazos se alargan hasta ser “luengos ramos”, los cabellos se hacen “verdes hojas”, la piel se endurece en “áspera corteza” y los pies se hunden como raíces. La metamorfosis no se cuenta desde lejos ni como una simple anécdota mitológica: se contempla paso a paso, con una mirada que parece incapaz de aceptar lo que está ocurriendo.
Esa atención al cambio corporal produce una paradoja conmovedora. Los “tiernos miembros” todavía estaban “bullendo”, es decir, conservaban movimiento y vida, cuando ya empezaban a cubrirse de corteza. El poema deja así suspendido el doloroso límite entre la persona y el árbol: Dafne no desaparece de golpe, sino que parece quedar atrapada en la transformación. La naturaleza no funciona aquí como un paisaje tranquilo, sino como la forma visible de una huida desesperada.
La historia procede de las Metamorfosis de Ovidio, obra en la que los cambios de forma expresan a menudo pasiones extremas, castigos o deseos de salvación. Garcilaso reelabora ese relato desde la sensibilidad del Renacimiento: recupera la mitología grecolatina, busca una expresión armoniosa y convierte la tradición antigua en materia para explorar el conflicto amoroso. El mundo clásico no aparece como un adorno erudito, sino como un lenguaje capaz de nombrar una experiencia universal: querer conservar aquello que ya se está perdiendo.
La última estrofa desplaza el foco hacia Apolo, presentado como “aquel que fue la causa de tal daño”. Su llanto riega el laurel y lo hace crecer; por eso las lágrimas, que deberían aliviar el dolor, agrandan justamente aquello que lo provoca. En ese giro reside una de las imágenes más memorables del poema: el amante alimenta con su pena la razón de su pena. Cuanto más llora a Dafne, más crece el árbol que confirma su ausencia.
La exclamación “¡Oh miserable estado, oh mal tamaño!” expresa la impotencia de Apolo y da al cierre un tono de lamento. La repetición de “causa” y “razón” insiste en ese círculo sin salida: el dios es responsable de la transformación y, al mismo tiempo, queda condenado a padecerla. El poema no presenta su dolor como una victoria amorosa, sino como la consecuencia amarga de un deseo que no ha sabido detenerse.
También el ritmo acompaña la escena. Los versos, de once sílabas, avanzan con una fluidez contenida, mientras las rimas enlazan estrechamente las imágenes del cuerpo y del árbol. La repetición de verbos como “crecían”, “tornaban”, “cubrían” y “volvían” transmite una mutación continua, como si no hubiera manera de interrumpirla. Así, el soneto transforma una persecución mitológica en una reflexión delicada y cruel sobre el deseo, la pérdida y la persistencia de la memoria.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían;
de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aun bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.
Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!
Garcilaso de la Vega
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!






