Garcilaso 1991 de Luis García Montero

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By Víctor Villoria

Garcilaso 1991 de Luis García Montero

En “Garcilaso, 1991”, Luis García Montero propone una escena muy reconocible: alguien prepara una clase en una habitación contemporánea y, de pronto, descubre que la poesía antigua sigue respirando en medio del presente. El poema avanza así como una conversación entre épocas distintas, donde la herencia amorosa de Garcilaso de la Vega abandona el decorado cortesano y reaparece entre coches, vaqueros, televisores y una conciencia histórica herida por “Bagdad”.

El tema principal es, en el fondo, la vigencia de la poesía amorosa: cómo unas palabras nacidas siglos atrás pueden seguir diciendo algo verdadero en un mundo radicalmente distinto. Por eso resulta tan importante la repetición de la frase “mi alma te ha cortado a su medida”, tomada y reformulada desde la tradición garcilasista, porque funciona como un puente entre el amor codificado del Renacimiento y la experiencia sentimental de finales del siglo XX, más urbana, más insegura y también más expuesta a la violencia del presente.

El tono mezcla cercanía, emoción contenida y reflexión. No busca el arrebato solemne, sino una intensidad reconocible que convierte lo cotidiano en materia poética: una habitación, una clase preparada para el día siguiente, una imagen televisiva, el recuerdo de una ciudad bombardeada. Esa manera de acercar la poesía a la vida diaria enlaza muy bien con la llamada poesía de la experiencia, corriente asociada a una voz narrativa, coloquial y reflexiva, muy atenta a la memoria, a la identidad y a los escenarios de la vida común.

Una de las claves de lectura más atractivas está en el contraste entre dos mundos. Por un lado aparecen “caballos”, “vestidos de corte” y “palacios”, que evocan el imaginario renacentista; por otro, “tu coche”, “tus vaqueros” y “los televisores”, que sitúan el amor en una modernidad concreta y reconocible. El poema no presenta esa oposición para declarar muerto el pasado, sino para mostrar que la literatura sabe mudarse de época y seguir habitando la vida de los vivos.

También importa mucho su dimensión metapoética, es decir, su reflexión sobre la propia poesía. Cuando afirma que “las palabras retornan al mundo de los vivos” y “preguntan por su casa”, el poema convierte el lenguaje literario en un huésped antiguo que vuelve a instalarse en el presente. Esa imagen resume muy bien una idea central en la obra: la poesía no es eterna como pieza inmóvil, pero sí posee la capacidad de transformarse, de cambiar de ropa, de “aparecer vestida con vaqueros” sin perder del todo su memoria.

La presencia de “Bagdad herido por el fuego” añade otra capa decisiva, porque saca al poema del puro intimismo y lo coloca ante la historia. El amor no sucede en un recinto aislado, sino en un tiempo atravesado por guerras, pantallas y catástrofes; de ahí que aparezca el miedo a “quererte en falso”, como si amar de verdad exigiera no olvidar el mundo en que se vive. Esa tensión entre intimidad e historia es una de las marcas más fértiles de Luis García Montero, que suele fundir experiencia personal y conciencia cívica en una misma respiración poética.

Leído con calma, el poema emociona precisamente porque no idealiza ni el pasado ni el presente. Sabe que la tradición literaria puede parecer lejana, pero también sabe que las viejas palabras del amor siguen buscando cuerpo, voz y verdad en cada época. Ahí reside buena parte de su encanto: en defender que la poesía quizá no sea eterna, pero sí profundamente humana, capaz de acompañar a quien “se inventa un amor” y sufre cuando la soledad vuelve a cerrar la habitación.

Mi alma os ha cortado a su medida,
dice ahora el poema,
con palabras que fueron escritas en un tiempo
de amores cortesanos
Y en esta habitación del siglo XX,
muy a finales ya,
preparando la clase de mañana,
regresan las palabras sin rumor de caballos,
sin vestidos de corte,
sin palacios.
Junto a Bagdad herido por el fuego,
mi alma te ha cortado a su medida.

Todo cesa de pronto y te imagino
en la ciudad, tu coche, tus vaqueros,
la ley de tus edades,
y tengo miedo de quererte en falso,
porque no sé vivir sino en la apuesta,
abrasado por llamas que arden sin quemarnos
y que son realidad,
aunque los ojos miran la distancia
en los televisores.

A través de los siglos,
saltando por encima de todas las catástrofes,
por encima de títulos y fechas,
las palabras retornan al mundo de los vivos,
preguntan por su casa.

Ya sé que no es eterna la poesía,
pero sabe cambiar junto a nosotros,
aparecer vestida con vaqueros,
apoyarse en el hombre que se inventa un amor
y que sufre de amor
cuando está solo.

Luis García Montero, Habitaciones separadas, 1994

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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