Comentario
Riquezas de Martínez Sarrión
En «Riquezas», Antonio Martínez Sarrión plantea una escena de contrastes que se ilumina especialmente cuando se lee a la luz del tópico del beatus ille, esa vieja invitación de la tradición clásica y renacentista a apartarse del ruido del mundo para encontrar una forma de vida más verdadera y más limpia. Frente a quienes poseen «huertos», «panales», «eras», «viñas», «flotas», «arsenales» o viven absorbidos por «prisas y negocios», la voz del poema va deshaciendo una por una las apariencias de prosperidad hasta dejar en pie una sola certeza: «Yo no te tengo más que a ti». Así, la verdadera riqueza no queda del lado de la abundancia material, sino de una posesión mínima y esencial que basta por sí sola para dar sentido a la existencia.
La relación con el beatus ille resulta muy sugerente porque el poema no repite sin más el elogio de la aldea retirada o de la vida campesina, sino que lo reformula de un modo íntimo y contemporáneo. En la tradición, ese tópico solía ensalzar una existencia apartada de la ambición, el poder y la agitación pública; aquí ocurre algo parecido, pero con un giro muy personal: incluso los bienes que parecen ligados a la naturaleza, como «huertos» o «viñas», quedan cuestionados si no van acompañados de un conocimiento verdadero y de una vivencia auténtica. No basta con poseer un mundo apacible; hay que habitarlo de verdad. Por eso el poema no idealiza los objetos, sino la intensidad de un vínculo que permite escapar de la superficialidad de los otros modos de vida.
El tono, sereno y firme, contribuye mucho a esa lectura. No hay una condena airada del mundo, sino una especie de balance moral dicho con una calma que convence. La repetición de «Yo no te tengo más que a ti», que actúa como estribillo, es decir, como una frase que regresa al final de cada estrofa para fijar el sentido, va adquiriendo un peso cada vez mayor. Primero suena a constatación, después a elección y, al final, casi a sabiduría. Ese movimiento recuerda bien el espíritu del beatus ille: la felicidad no nace de sumar posesiones, sino de saber prescindir de lo accesorio.
Además, el poema construye con mucha precisión una oposición entre tener y poseer de verdad. Los otros acumulan bienes, poder económico o actividad incesante, pero aparecen interiormente vacíos: unos no conocen «las fases del mosto», otros duermen entre «brazos mercenarios» y los demás corren hacia una cita para que continúe «esa demencia». En todos los casos, la abundancia está asociada a la ignorancia, al engaño o al sinsentido. Desde esa perspectiva, «Riquezas» dialoga con el viejo ideal literario que contrapone la paz interior al bullicio del mundo, aunque aquí esa paz no adopte tanto la forma de un paisaje retirado como la de una fidelidad esencial a un «tú».
Esa actualización del tópico clásico vuelve especialmente atractivo el poema. Allí donde el beatus ille tradicional celebraba el huerto, la fuente, la sombra o la vida apartada, Martínez Sarrión parece sugerir que el verdadero retiro no siempre es un lugar físico, sino una forma de resistencia íntima frente a la dispersión del mundo moderno. El poema no invita a huir de manera pintoresca, sino a reconocer qué merece ser salvado en medio del ruido, del mercado y de la prisa. De ahí que su brevedad deje una impresión tan honda: bajo su apariencia sencilla, acaba proponiendo una versión moderna del beatus ille, donde la dicha consiste en haber encontrado, entre tantas falsas riquezas, aquello único que verdaderamente importa.
Audio: Víctor Villoria
Unos tienen sus huertos oreados,
sus panales, sus eras y sus viñas,
mas no conocen las fases del mosto.
Yo no te tengo más que a ti.
Otros tienen sus flotas y arsenales
y capean temporales en la Bolsa
durmiendo entre unos brazos mercenarios.
Yo no te tengo más que a ti.
Los demás tienen prisas y negocios
y tratan de llegar pronto a una cita
para que esa demencia continúe.
Yo no te tengo más que a ti.
Antonio Martínez Sarrión, El centro inaccesible, 1981
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!










