Un relámpago apenas de Blas de Otero

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By Víctor Villoria

Un relámpago apenas de Blas de Otero

Blas de Otero convierte en este poema el beso en una experiencia desbordante, casi imposible de contener: amorosa, corporal, espiritual y también dolorosamente insuficiente. El poema avanza como una sacudida de intensidad creciente, de modo que el deseo no aparece como calma ni como refugio, sino como una fuerza que arrastra, vence y deja al yo poético en un estado de rendición absoluta.

Una de las claves más hermosas de lectura está en cómo el lenguaje mezcla lo físico y lo trascendente. Al principio todo parece nacer de una escena amorosa muy concreta, incluso feroz, con imágenes tan expresivas como «Besas como si fueses a comerme» o «Besas besos de mar, a dentelladas»; sin embargo, enseguida esa pasión asciende hacia una dimensión más honda cuando aparecen fórmulas como «Besas besos de Dios». Ahí se percibe muy bien una tensión característica de la poesía de posguerra y de la primera etapa de Blas de Otero: el amor humano se carga de una vibración que roza lo absoluto, como si en la piel se buscara algo que la piel sola no pudiera dar.

Por eso el tono resulta tan intenso y tan conmovedor. No se trata simplemente de un poema amoroso: late en él una mezcla de arrebato, adoración, desvalimiento y queja. El hablante acepta ser «vencido», se reconoce «inerme» y deja que la amada tire de su «raíz» y suba su «muerte» «a flor de labio»; dicho de manera sencilla, el poema sugiere que besar es aquí tocar el centro mismo de la vida y, al mismo tiempo, rozar su límite. Esa unión de eros y herida, de placer y desposesión, da al texto una intensidad muy poco decorativa y muy verdadera.

También impresiona mucho la fuerza de las repeticiones. La insistencia en «besas», «beso» y, al final, en «Oh Dios, oh Dios, oh Dios», no es un simple adorno: funciona como un latido verbal que empuja el poema hacia una especie de súplica. Esa reiteración convierte la experiencia amorosa en una necesidad extrema, casi en una oración, y enlaza el poema con una tradición que recuerda por momentos a la poesía mística, aunque aquí la unión plena no llega a cumplirse. En vez de descanso o plenitud, queda una certeza desgarradora: «si para verte / bastara un beso», pero «no basta eso».

Esa última quiebra es decisiva, porque abre el poema más allá de la anécdota amorosa. El beso aparece como revelación momentánea, como un «relámpago» del título: ilumina de pronto, deja ver algo esencial, pero dura muy poco y no resuelve la sed de absoluto. En esa brevedad fulgurante está buena parte de la emoción del texto. El amor ofrece una visión, una cercanía casi sagrada, pero no colma del todo; después llega el llanto, no porque el beso haya sido falso, sino porque ha sido verdadero y, precisamente por eso, insuficiente.

Leído dentro de Ángel fieramente humano, el poema dialoga muy bien con esa etapa de raíz existencialismo en la que la poesía de Blas de Otero explora la soledad, la necesidad de absoluto y el silencio que muchas veces responde a esa búsqueda. No hace falta manejar grandes tecnicismos para disfrutarlo: basta con dejarse llevar por su música vehemente y por su manera de decir que un beso puede parecerlo todo durante un instante y, sin embargo, dejar abierta una falta todavía mayor. Ahí reside buena parte de su belleza: en mostrar que el deseo humano a veces toca lo infinito, pero no logra retenerlo.

Besas como si fueses a comerme.
Besas besos de mar, a dentelladas.
Las manos en mis sienes y abismadas
nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,

me declaro vencido, si vencerme
es ver en ti mis manos maniatadas.
Besas besos de Dios. A bocanadas
bebes mi vida. Sorbes. Sin dolerme,

tiras de mi raíz, subes mi muerte
a flor de labio. Y luego, mimadora,
la brizas y la rozas con tu beso.

Oh Dios, oh Dios, oh Dios, si para verte
bastara un beso, un beso que se llora
después, porque, ¡oh, por qué!, no basta eso

Blas de Otero, Ángel fieramente humano, 1950

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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