Comentario
Volvedle la blancura de Francisco de Figueroa
Este magistral soneto de Francisco de Figueroa, conocido por sus contemporáneos como «el Divino», constituye una de las más ingeniosas recreaciones del tópico de la descriptio puellae en la poesía española del Renacimiento. Compuesto hacia 1570 durante la estancia del poeta en Italia, donde sirvió como soldado y diplomático, la obra desarrolla una brillante inversión del retrato femenino tradicional mediante una técnica que podríamos denominar «restitución burlesca». El poeta de Alcalá, profundo conocedor de la tradición petrarquista y garcilasiana, demuestra aquí su dominio técnico y su originalidad conceptual al transformar la alabanza tópica en demoledora crítica social, convirtiendo los elementos canónicos de la belleza femenina renacentista en argumentos para una acusación moral devastadora.
El tema central del soneto consiste en la desmitificación de la belleza femenina idealizada mediante un proceso de «devolución» sistemática de todos los atributos que conforman el canon petrarquista de hermosura. El yo poético se dirige directamente a una dama exigiéndole que restituya a sus fuentes originales todos los elementos que componen su belleza: la blancura debe ser devuelta a la azucena, el color purpúreo a los rosales, la luz celestial de los ojos al cielo, el canto seductor a las sirenas, el oro de los cabellos a las minas, la gentileza a Venus, la elocuencia a Mercurio y la castidad a Diana. Esta técnica de restitutio ad absurdum revela que la aparente belleza de la dama no es más que un conjunto de préstamos tomados de la naturaleza y la mitología, careciendo por tanto de autenticidad propia. El verso final —»que es ser crüel, ingrata y desdeñosa»— funciona como revelación brutal: una vez despojada de todos sus atributos prestados, solo permanece la verdadera esencia de la mujer, que es la crueldad hacia el enamorado.
El tono del poema resulta sarcásticamente acusatorio, caracterizado por esa mezcla de admiración fingida y reproche real que convierte cada aparente cumplido en un cargo de la acusación. La repetición anafórica de «volvedle» crea un efecto de insistencia judicial que transforma el soneto en un verdadero alegato procesal contra la amada. La ironía se intensifica mediante el uso del imperativo, que simula otorgar a la dama la posibilidad de elegir entre conservar su belleza prestada o revelar su naturaleza auténtica. El contraste tonal entre los cuartetos y el terceto final resulta especialmente efectivo: mientras los primeros mantienen un registro elevado y cortés, el último terceto desciende bruscamente hacia la invectiva directa, produciendo un efecto de sorpresa que intensifica el impacto del desengaño.
La estructura del soneto responde a una organización inventarial que enumera sistemáticamente los elementos constitutivos de la belleza femenina siguiendo el orden tradicional de la descriptio puellae: cabello (oro), ojos (luz celestial), voz (canto de sirena), para luego ascender hacia cualidades más abstractas como la gentileza, la elocuencia y la castidad. Esta progresión de lo físico a lo moral prepara la inversión final, donde las virtudes aparentes se revelan como vicios reales. Los dos cuartetos desarrollan los préstamos tomados del mundo natural (azucena, rosales, oro), mientras el primer terceto se eleva hacia el ámbito mitológico (Venus, Mercurio, Diana), creando un efecto de gradación ascendente que hace más dramática la caída final hacia la realidad moral de la dama.
Desde el punto de vista estilístico, el soneto exhibe la perfecta asimilación de la técnica petrarquista por parte de Figueroa, quien demuestra su dominio de la tradición precisamente al subvertirla desde dentro. El lenguaje mantiene la dignidad y elegancia del registro cortesano sin renunciar a la fuerza de la invectiva final. La prosopopeya que convierte a elementos naturales y divinidades mitológicas en prestamistas de la belleza femenina revela la influencia del neoplatonismo renacentista, pero aplicado con finalidad desmitificadora. La referencia a las sirenas como fuente del «dulce canto» con que la dama «toma venganza en los mortales» introduce una nota de peligrosidad femenina que conecta con la tradición misógina medieval, pero reelaborada desde la perspectiva renacentista del amor como experiencia potencialmente destructiva.
La originalidad de Francisco de Figueroa reside en su capacidad para crear una anti-descriptio puellae que funciona simultáneamente como homenaje y como parodia de la tradición petrarquista. El poeta logra que cada elemento del canon de belleza se convierta en argumento contra la autenticidad de esa misma belleza, revelando la artificiosidad inherente a la idealización renacentista de la mujer. Este soneto anticipa las claves del desengaño barroco que concebirá la belleza femenina como engaño de los sentidos y trampa para la razón masculina. La técnica de la restitución burlesca influirá en poetas posteriores como Quevedo y Góngora, quienes desarrollarán procedimientos similares para desmontar los tópicos petrarquistas. La obra de Figueroa se convierte así en eslabón fundamental entre el petrarquismo garcilasiano y la poesía conceptista del siglo XVII, demostrando que la más alta técnica poética puede ponerse al servicio de la crítica social y la reflexión moral sobre los límites de la idealización artística.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
Volvedle la blancura a la azucena
y el purpúreo color a los rosales,
y aquesos bellos ojos celestiales
al cielo con la luz que os dio serena;
volvedle el dulce canto a la sirena,
con que tomáis venganza en los mortales;
volvedle los cabellos naturales
al oro, pues salieron de su vena;
a Venus le volved la gentileza,
a Mercurio el hablar, de que es maestro;
volved el velo a Diana, casta diosa,
quitad de vos aquesa suma alteza
y sólo quedaréis con lo que es vuestro,
que es ser crüel, ingrata y desdeñosa.
Francisco de Figueroa
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
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