Comentario
Todo el amor divino de Blas de Otero
En este poema de Blas de Otero, perteneciente a Cántico espiritual, la emoción amorosa aparece vivida como una sacudida interior en la que lo humano y lo divino dejan de estar separados para sentirse al mismo tiempo, en una misma herida y en una misma entrega. El poema convierte esa experiencia en una escena muy visual: la “flecha”, la “brecha”, el “grano”, el “surco”, la “vid” o la “espiga” van dibujando un lenguaje simbólico que mezcla el amor místico con el mundo de la tierra cultivada, de modo que el dolor no se presenta como negación de la vida, sino como condición de una fecundidad más alta. Esa unión de contrarios, tan propia de la tradición mística, hace que lo que hiere también sane, que lo que duele también sea “dulce”, y ahí está una de las claves más hermosas de la composición, cuyo temblor interior enlaza con la huella de San Juan de la Cruz y con la poesía religiosa española.
El tono es intensamente fervoroso, pero no solemne en exceso: respira una pasión contenida que avanza con naturalidad desde la conmoción inicial hasta la ofrenda final del propio ser. La voz poética no se limita a decir que ama o que cree, sino que dramatiza esa vivencia mediante imágenes corporales y agrícolas que vuelven cercana una experiencia espiritual muy honda. Por eso resultan tan eficaces las repeticiones de “Sembrador” y de la preposición “para”, porque ordenan el poema como si fuera una invocación y, al mismo tiempo, van preparando esa apertura final del sujeto, que se ofrece como tierra dispuesta a recibir. Incluso cuando aparece una palabra más técnica como “paradoja”, conviene entenderla de la forma más sencilla: se trata de expresar una verdad que parece contradictoria, como cuando algo “duele y es dulce” a la vez.
También llama la atención la firmeza de su forma. El poema adopta la arquitectura del soneto, y esa estructura clásica le da un cauce sereno a una emoción muy intensa, como si el desbordamiento afectivo encontrara una medida exacta para decirse. Esa convivencia entre pasión y orden encaja muy bien con el primer momento religioso de Blas de Otero, anterior a la poesía social con la que más tarde sería identificado, y muestra hasta qué punto su escritura de estos años dialoga con la tradición de la mística castellana y con una sensibilidad todavía próxima a la poesía espiritual de posguerra.
Leído hoy, el poema conserva un atractivo muy especial porque no obliga a escoger entre una lectura creyente y una lectura puramente humana. “Todo el amor divino, con el amor humano” resume muy bien esa amplitud: puede leerse como experiencia religiosa, pero también como celebración de una intensidad afectiva que transforma por dentro a quien la vive. Ahí reside buena parte de su belleza: en hacer sentir que la herida amorosa, lejos de destruir, abre un espacio nuevo de crecimiento, como si el corazón fuese a la vez blanco, surco y árbol. Dentro de la trayectoria del autor, Cántico espiritual representa precisamente esa etapa inicial de orientación mística, muy distinta de la voz social posterior por la que Blas de Otero pasó a ser uno de los nombres principales de la poesía española de posguerra.
Todo el amor divino, con el amor humano,
me tiembla en el costado, seguro como flecha.
La flecha vino pura, dulcísima y derecha:
el blanco estaba abierto, redondo y muy cercano.
Al presentir el golpe de Dios, llevé la mano,
con gesto doloroso, hacia la abierta brecha.
Mas nunca, aunque doliéndose, la tierra le desecha
al sembrador, la herida donde encerrar el grano.
¡Oh Sembrador del ansia; oh Sembrador de anhelo,
que nos duele y es dulce, que adolece y nos cura!
Aquí tenéis, en haza de horizontes, mi suelo
para la vid hermosa, para la espiga pura.
El surco es como un árbol donde tender el vuelo,
con ramas infinitas, doliéndose de altura.
Blas de Otero, Cántico espiritual, 1942
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Autor
Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!












