Confidencias de Felipe Benítez Reyes

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By Víctor Villoria

Confidencias de Felipe Benítez Reyes

“Confidencias”, incluido en Los vanos mundos (1985), muestra a Felipe Benítez Reyes explorando el reverso de ciertos mitos juveniles: la aventura, la noche, el deseo y la promesa de una vida intensa. La voz que habla se presenta con una franqueza deliberada, como quien hace balance de unas experiencias que parecían extraordinarias y descubre en ellas, demasiado pronto, el cansancio y la decepción. El título anuncia esa intimidad, aunque la confesión aspira a expresar una experiencia compartida por “todos los jóvenes”.

La repetición de “Como todos los jóvenes” abre el poema, reaparece en su desarrollo y lo cierra. Esta repetición, llamada anáfora cuando una misma fórmula inicia varios segmentos del discurso, crea un ritmo insistente y convierte el “yo” en representante de una generación. Sin embargo, el verso final —“apostar al fracaso. Como todos los jóvenes”— introduce una ironía amarga: aquello que suele asociarse con la juventud, la confianza en el futuro, queda reemplazado por una apuesta consciente por la derrota. La reiteración no celebra una identidad colectiva; revela, más bien, una forma común de desengaño.

El poema recurre a imágenes de brillo y de caída para describir el impulso inicial. La “luz inquietante” de la aventura atrae porque promete una salida de la vida ordinaria, mientras que los sueños son arrastrados por el “fango celeste de la vida nocturna”. La unión de “fango”, materia baja y sucia, con “celeste”, palabra vinculada al cielo, condensa una contradicción esencial: la noche ofrece una apariencia de elevación, pero termina hundiendo las ilusiones en algo turbio. La experiencia nocturna aparece como una promesa de plenitud que lleva incorporada su propia degradación.

El alcohol y los cuerpos encarnan los placeres de esa iniciación. Los incisos “que seduce” y “que embriagan” reconocen su poder de atracción, pero también sugieren pérdida de control y confusión. Los “mundos secretos” que parecían abrirse gracias a esas experiencias se convierten en “jardines de hastío”, y la “pasión primera” se transforma en un “jardín de invierno”. El jardín suele simbolizar un espacio de belleza, fecundidad y disfrute; el invierno, en cambio, introduce esterilidad, frío y quietud. La repetición de esa imagen vegetal muestra que el desencanto no destruye por completo el recuerdo de la belleza, pero sí lo despoja de vitalidad.

La reflexión alcanza una formulación especialmente precisa en los versos “Las manzanas mordidas / dejan el gusto amargo de una falsa promesa”. La manzana remite al relato bíblico de la caída: el fruto prohibido representa el deseo de conocimiento y una transgresión que lleva consigo una pérdida de inocencia. También conserva una dimensión sensorial y amorosa, ligada a lo tentador. Sin embargo, en el poema la seducción “se cumple y de pronto no es nada”: satisfacer un deseo no garantiza la felicidad esperada. De ahí la imagen “Consumar un deseo es besar a la niebla”, una metáfora que convierte la conquista en contacto con algo inconsistente, frío e imposible de retener.

La alusión a haber “apostado al diablo” y “vendido mi alma” enlaza el texto con el mito de Fausto, el personaje que entrega su alma a cambio de poder, saber o placeres excepcionales. Aquí el pacto adquiere una dimensión irónica: el hablante ha vendido su alma “a precio de inexperto”, es decir, por muy poco y sin comprender realmente lo que entregaba. La pérdida de “la inocencia y la Gloria” amplía el desengaño desde lo íntimo hasta lo moral y lo espiritual. Pero la afirmación de que los jóvenes nunca temieron el “Infierno” conserva una energía desafiante, propia de una edad que suele creer que las consecuencias siempre pertenecen a un futuro lejano.

El cierre adopta un tono más apagado y definitivo. Aunque el hablante reconoce que aún le queda tiempo y que el mundo puede retenerlo con su “halago equívoco”, afirma haber “muerto a las pasiones”. No se trata de una muerte literal, sino de una metáfora de agotamiento interior: lo que antes seducía ha perdido su capacidad de conmover. El “lento bostezo” resume con humor sombrío una existencia desprovista de intensidad. Así, el poema no condena moralmente la aventura ni idealiza una pureza perdida; observa con lucidez cómo el deseo, una vez vivido y repetido, puede dejar tras de sí una mezcla de experiencia, hastío y nostalgia.

Audio: Víctor Villoria. ✉️

Como todos los jóvenes, yo también he buscado
esa luz inquietante que brilla en la aventura.
Como todos los jóvenes, he arrastrado mis sueños
por el fango celeste de la vida nocturna.

El alcohol —que seduce— y los cuerpos —que embriagan—
me han dado la medida de unos mundos secretos
que van ya convirtiéndose en jardines de hastío,
y la pasión primera en un jardín de invierno.

Todo cansa y aburre. Las manzanas mordidas
dejan el gusto amargo de una falsa promesa:
su seducción se cumple y de pronto no es nada.
Consumar un deseo es besar a la niebla.

Como todos los jóvenes, he apostado al diablo
y he vendido mi alma a precio de inexperto;
supongo que he perdido la inocencia y la Gloria,
pero nunca los jóvenes temimos el Infierno.

Y aunque me quede tiempo y aunque el halago equívoco
del mundo me sujete, he muerto a las pasiones.
Porque todo es un lento bostezo. Y no me importa
apostar al fracaso. Como todos los jóvenes.

Felipe Benítez Reyes, Los vanos mundos, 1985

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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