Comentario
Como la simplecilla mariposa de Cetina
La escena se abre con una imagen pequeña y deslumbrante: una mariposa gira alrededor de la llama de una candela. Atraída por esa luz que la seduce y la amenaza, no logra decidirse entre acercarse o huir; va, vuelve, se detiene y retorna hasta que el fuego termina por consumirle las alas. En los tercetos, la comparación revela su sentido íntimo: el enamorado se reconoce en ese vuelo obstinado ante la luz de unos ojos, fuente a la vez de deseo y de sufrimiento. El poema pertenece a la sensibilidad del Renacimiento y muestra la huella de la tradición amorosa petrarquista, que convirtió el amor no correspondido o doloroso en una de sus grandes materias poéticas.
La mariposa funciona como un símbolo del amante: frágil, fascinado y condenado a buscar aquello que puede destruirlo. La “luz de una candela” no es únicamente una llama física; anticipa la luz de los “ojos” de la persona amada, de modo que el poema une ambos planos mediante una comparación desarrollada con extraordinaria naturalidad. La belleza de esa imagen reside en su contradicción: aquello que ilumina también quema, y aquello que atrae obliga a padecer. Por eso la mariposa “arde y hiela” al mismo tiempo, una expresión que concentra el conflicto amoroso en dos sensaciones opuestas.
El movimiento verbal da al poema una viveza casi circular. La sucesión “vase, vuelve, anda, torna” reproduce el revoloteo inseguro del insecto, mientras que “vengo, voy, torno y vuelvo” traslada ese mismo ritmo al amante. No se trata de una repetición ornamental: las palabras insisten porque el deseo insiste. El yo poético parece atrapado en una trayectoria sin salida, incapaz de alejarse de la causa de su dolor y, al mismo tiempo, incapaz de alcanzarla plenamente.
La diferencia decisiva aparece al final. La mariposa termina abrasada y muere; el enamorado, en cambio, vive una condena más prolongada: “ni me acaba el ardor, ni de arder dejo”. El fuego del amor no pone fin a su vida, pero tampoco se extingue. Esa paradoja convierte el cierre en una expresión memorable de la pena amorosa: el sufrimiento persiste porque el deseo permanece vivo. En pocos versos, Gutierre de Cetina transforma una escena cotidiana en una imagen intensa de la pasión, donde la luz deseada es también el origen de la herida.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
Como la simplecilla mariposa
a torno de la luz de una candela,
de pura enamorada se desvela,
ni se sabe partir, ni llegar osa;
vase, vuelve, anda, torna y no reposa,
y de amor y temor junto arde y hiela,
tanto que al fin las alas con que vuela
se abrasan con la vida trabajosa.
Así, mísero yo, de enamorado,
a torno de la luz de vuestros ojos
vengo, voy, torno y vuelvo y no me alejo;
mas es tan diferente mi cuidado
que en medio del dolor de mis enojos
ni me acaba el ardor, ni de arder dejo.
Gutierre de Cetina
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!





