No por el cielo ver correr estrellas de Gutierre de Cetina

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By Víctor Villoria

No por el cielo ver correr estrellas de Gutierre de Cetina. 

El poema levanta ante los ojos una sucesión de imágenes bellas: estrellas que cruzan el cielo, barcos que navegan por un mar tranquilo, justas de hombres armados, prados floridos, danzas y amaneceres luminosos. Sin embargo, esa rica galería no constituye el verdadero destino de la mirada poética. Cada escena sirve para preparar una afirmación final: ninguna maravilla del mundo puede compararse con el “dulce mirar” de unos “ojos serenos”.

La composición de Gutierre de Cetina desarrolla el tema de la idealización amorosa. La persona amada se contempla como una belleza superior a cuanto ofrece la naturaleza, la vida cortesana o el espectáculo del mundo. El tono es admirativo y sereno, aunque la insistencia en negar valor comparable a las demás cosas deja ver la intensidad de un enamoramiento que ha convertido una mirada en medida de toda hermosura.

Los dos primeros cuartetos avanzan mediante una acumulación de imágenes introducidas por “ni”. Esta repetición, llamada anáfora, consiste en comenzar varios versos o grupos de versos con la misma palabra; aquí produce un ritmo insistente y amplía progresivamente el universo de lo bello. Aparecen paisajes naturales, como “los prados” llenos de flores, junto a escenas humanas, como los galanes en una sala o las doncellas que bailan. Todo queda incluido en una especie de inventario poético destinado a ser superado.

El poema es característico del Renacimiento, y recoge la herencia del petrarquismo, una corriente de poesía amorosa inspirada en Francesco Petrarca que presenta a la dama como un ideal de perfección. La luz del sol, el brillo de las estrellas y las flores de abril son símbolos habituales de la belleza; Cetina los reúne para declarar que todos resultan insuficientes ante los ojos de la amada. La expresión “ojos serenos” enlaza, además, con el célebre madrigal del mismo poeta, donde esos ojos poseen también una presencia decisiva.

Los tercetos concentran y resuelven el recorrido anterior. La fórmula “ni todo cuanto hay más, ni cuanto hay menos / de hermoso en el mundo” lleva la comparación hasta un límite absoluto: no queda nada, grande o pequeño, que pueda igualar aquello que se celebra. El último verso funciona como una revelación demorada; después de recorrer el cielo, el mar, los jardines y las salas de baile, la voz poética vuelve a una sola imagen. En ella se condensa la idea esencial del poema: para el amante, la belleza del mundo entero cabe en una mirada.

Audio: Víctor Villoria. ✉️

No por el cielo ver correr estrellas,
ni por tranquilo mar navíos cargados,
ni en plaza tornear hombres armados,
ni a caza en bosque ver Ninfas muy bellas;

ni en gran oscuridad volar estrellas,
ni llenos por abril de flor los prados,
ni galanes en sala aderezados,
ni en cabello bailar tiernas doncellas;

no el sol, en el nacer de un claro día,
ni árboles de flor y fruta llenos,
ni fuego sobre nieve helada y fría;

ni todo cuanto hay más, ni cuanto hay menos
de hermoso en el mundo igualaría
vuestro dulce mirar, ojos serenos.

Gutierre de Cetina. Texto del Cervantes

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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