Comentario
A Córdoba de Luis de Góngora
En 1585, un joven Luis de Góngora de apenas veinticuatro años se encontraba en Granada cumpliendo una misión oficial como racionero de la Catedral de Córdoba. Durante aquella estancia, que se prolongó más de lo esperado, recibió una carta desde su ciudad natal en la que sus amigos le preguntaban si se había olvidado de su querida Córdoba. La respuesta del poeta cordobés fue este magnifico soneto, que constituye una de las declaraciones de amor más hermosas que jamás se hayan escrito a una ciudad.
El poema pertenece a un género literario muy cultivado desde la Antigüedad clásica conocido como laus urbis (alabanza de ciudad), que los escritores renacentistas recuperaron para cantar las glorias de sus lugares natales. Góngora domina a la perfección esta forma poética y la llena de una emotividad genuina que trasciende el mero ejercicio retórico. El tema central es un apasionado elogio de Córdoba que se estructura como una serie de exclamaciones admirativas dirigidas a los elementos más característicos de la ciudad: sus murallas, sus torres, el río Guadalquivir, la vega y las sierras circundantes.
El tono del soneto es elevado y solemne, construido mediante una cascada de exclamaciones retóricas que van creando un crescendo emocional desde el primer verso hasta la declaración final. Góngora emplea una técnica muy efectiva: la repetición de la interjección «¡Oh!» al comienzo de casi todos los versos de los cuartetos, lo que confiere al poema un ritmo muy marcado y una sensación de urgencia emotiva. Esta repetición, que en retórica se llama anáfora, crea una especie de letanía amorosa que envuelve al lector en la pasión del poeta por su ciudad.
Una de las claves más interesantes del poema reside en la sutil comparación con Granada que Góngora establece en los tercetos. El poeta se refiere a «aquellas rüinas y despojos / que enriquece Genil y Dauro baña», aludiendo claramente a los restos del esplendor nazarí que había contemplado durante su estancia granadina. Los ríos Genil y Darro son los que atraviesan Granada, y Góngora los presenta como testigos de un pasado glorioso pero ya extinguido. Sin embargo, esta referencia no implica menosprecio hacia Granada, sino que sirve para establecer un contraste poético entre la belleza melancólica del pasado granadino y la vitalidad presente de su Córdoba natal.
Especialmente ingenioso resulta el verso «de arenas nobles, ya que no doradas», referido al Guadalquivir. Con esta expresión, Góngora reconoce que su río no tiene las famosas arenas auríferas del Darro granadino (donde efectivamente se extraía oro desde época romana), pero compensa esta carencia material otorgando al Guadalquivir una nobleza moral superior. Es una manera muy elegante de admitir una desventaja real y transformarla en superioridad poética. Además, al llamar al Guadalquivir «gran rey de Andalucía», el poeta sitúa a Córdoba en la cúspide de la jerarquía andaluza, evocando su glorioso pasado como capital del Califato.
El soneto culmina con un juramento de fidelidad que emplea una fórmula muy dramática: si alguna vez olvidara a Córdoba, que nunca más merezca verla. Este tipo de promesas, frecuentes en la literatura bíblica, revelan la profundidad del sentimiento del poeta y la imposibilidad de tal olvido. La apelación final «¡oh patria, oh flor de España!» consuma la magnificación poética situando a Córdoba como la quintesencia de la belleza y excelencia hispánicas. Con este soneto, Góngora no solo demuestra su maestría técnica, sino que logra transformar el amor filial hacia su ciudad natal en una obra de arte universal que trasciende las coordenadas geográficas y temporales para convertirse en expresión permanente del vínculo emocional entre el ser humano y su lugar de origen.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
de honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
de arenas nobles, ya que no doradas!
¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre glorïosa patria mía,
tanto por plumas cuanto por espadas!
Si entre aquellas rüinas y despojos
que enriquece Genil y Dauro baña
tu memoria no fue alimento mío,
nunca merezcan mis ausentes ojos
ver tu muro, tus torres y tu río,
tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!
Luis de Góngora, 1585
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!




