Comentario
Oda a la vida retirada de Fray Luis de León
En la Literatura del Renacimiento en España, Fray Luis de León convirtió el viejo anhelo del “beatus ille”, es decir, la dicha de una vida apartada del ruido del mundo, en una experiencia íntima, serena y llena de música verbal. En esta oda, la retirada no se presenta como una huida triste, sino como una elección de libertad interior: frente a la ambición, la fama y el poder, el poeta imagina un espacio donde el alma puede respirar, descansar y recobrar su verdad.
El poema avanza oponiendo dos mundos. Por un lado aparecen el “mundanal ruïdo”, “los soberbios grandes”, la “lengua lisonjera” o el “peligroso mando”: todo ese universo de apariencias, de vanidad y de dependencia ajena. Por otro, surgen el monte, la fuente, el río, el huerto, las aves y la sombra, que componen una naturaleza no salvaje, sino armoniosa, ordenada y hospitalaria. Esa contraposición es una de las claves de lectura más agradecidas, porque permite sentir cómo cada imagen natural va limpiando el aire moral del poema hasta convertirlo en una pequeña celebración de la calma.
La voz poética habla con un tono meditativo y a la vez entusiasmado. Hay sosiego, desde luego, pero también un fervor muy visible en exclamaciones como “¡Oh monte, oh fuente, oh río!”: no se trata de una tranquilidad apagada, sino de una paz intensamente deseada. Esa efusión ayuda a entender que la “vida retirada” no equivale a renunciar a la vida, sino a escogerla mejor, separándola de lo que la enturbia.
Uno de los grandes aciertos del poema está en sus símbolos, muy transparentes incluso para quien no esté acostumbrado al comentario literario. El mar tempestuoso y el “navío” casi roto representan la vida pública, inestable y peligrosa; el huerto, en cambio, simboliza un orden humilde, cultivado por la propia mano, donde el tiempo madura sin violencia; la música final del “plectro sabiamente meneado” sugiere que la armonía exterior termina convirtiéndose en armonía del espíritu. Son símbolos sencillos y, precisamente por eso, muy eficaces: no oscurecen el poema, lo iluminan.
También importa mucho la repetición. El insistente “no quiero”, “no cura”, “a mí”, “vivir quiero conmigo” va trazando un ritmo de rechazo y afirmación: el poema se construye tanto por lo que aparta como por lo que abraza. Esa reiteración no suena mecánica, sino persuasiva; parece el compás de alguien que se convence a sí mismo mientras habla. Gracias a ello, la oda gana cercanía emocional y convierte una reflexión moral en una experiencia casi corporal.
Otra clave de lectura está en su diálogo con la tradición clásica. La exaltación de la aldea frente al bullicio y el poder enlaza con el motivo del beatus ille, de raíz horaciana, pero Fray Luis de León no se limita a repetirlo: lo vuelve más personal, más lírico y más interior, transformándolo en una aspiración espiritual además de ética. Por eso la oda conversa, a la vez, con la herencia clásica y con la sensibilidad cristiana del autor, sin que una anule a la otra.
Leída hoy, Oda a la vida retirada conserva una frescura llamativa. Su invitación no consiste en abandonar literalmente el mundo, sino en preguntarse qué cosas hacen ruido dentro de la vida y cuáles la vuelven más verdadera. Ahí reside buena parte de su belleza perdurable: en que, bajo la elegancia de sus versos, late una pregunta muy humana sobre el precio de la serenidad y sobre la dicha discreta de vivir “consigo”.
Audio: Víctor Villoria
¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;
Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro , en jaspes sustentado!
No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si, en busca deste viento ,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado ?
¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.
Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.
Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido .
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.
Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.
Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.
El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro pone olvido.
Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.
La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.
A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.
Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.
A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.
Fray Luis de León, Oda I
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Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!






