Comentario
No puede ser más sencillo de Gabriel Celaya
En este poema de Gabriel Celaya, la voz poética se instala en una alegría serena, casi asombrada, que no nace de la perfección del mundo, sino de su mera presencia. Todo parece entrar en una aceptación limpia y honda: lo agradable y lo doloroso, lo comprendido y lo misterioso, lo íntimo y lo material forman parte de una misma celebración de la existencia.
El tema principal es una afirmación jubilosa del hecho de vivir. No se trata de un entusiasmo ingenuo, sino de una adhesión consciente a la realidad, visible desde el comienzo en esa fórmula tan desnuda como rotunda: “Esto es así”. A partir de ahí, el poema avanza como una declaración de conformidad profunda con cuanto existe, y esa actitud lo acerca a una sensibilidad emparentada con el existencialismo, entendido aquí como una forma de pensar la vida desde la experiencia concreta, sin refugiarse en abstracciones, aunque en Celaya esa gravedad se abre paso hacia una aceptación luminosa del mundo.
El tono sorprende por su llaneza, porque parece conversar más que declamar, y ahí reside buena parte de su fuerza. La repetición de “me gusta” no solo ordena el poema, sino que convierte el gusto en una forma de conocimiento afectivo: la realidad vale antes de ser explicada. Cuando la voz afirma que le gusta “lo que toco”, “lo que veo” o incluso “lo que me duele”, está construyendo una especie de himno de lo sensible, de todo aquello que pasa por el cuerpo y confirma que se está vivo. Esa insistencia repetitiva, que en literatura se llama anáfora cuando varias frases comienzan igual, da al texto una cadencia envolvente y muy natural.
También es muy significativa la presencia de los objetos, de aquello que “aquí mido” y “aquí peso”, porque el poema no busca elevarse por encima de lo cotidiano, sino hundir las manos en lo real. Esa atención a las cosas corrientes enlaza con una idea de la poesía que el propio Celaya defendió en distintos momentos de su trayectoria: una poesía pegada a la vida, no separada de lo humano ni encerrada en el puro adorno verbal. En ese sentido, aunque este texto no tenga todavía el tono combativo de la poesía social, sí deja ver una raíz importante de su obra, esa voluntad de partir de lo común, de lo compartido, de lo que cualquiera puede reconocer como verdadero.
Uno de los rasgos más hermosos del poema está en que no excluye el dolor, sino que lo incorpora: “me gusta lo que me duele (porque sé así que existe)”. Esa idea convierte el sufrimiento en prueba de realidad, no en mero obstáculo, y le da al texto un espesor que impide leerlo como una simple proclamación optimista. La alegría de la que habla Celaya no borra “mis penas, mis errores, mis risas y mi miedo”, sino que los reúne y los abraza, como si vivir consistiera precisamente en aceptar esa mezcla. Ahí aparece su verdad más duradera: una celebración integral de la existencia, expresada con una sencillez que parece fácil solo porque está muy bien conquistada.
Audio: Víctor Villoria. ✉️
Esto es así;
me gusta de este modo
y me gustaría también si fuera de otro:
cuadrado, rojo o duro, real sencillamente.
Todo está bien;
todo es justo y bello;
hay una alegría -vivir- que envuelve y junta
mis penas, mis errores, mis risas y mi miedo.
Me gusta lo que toco;
me gusta lo que veo,
y lo que respiro con los pulmones anchos,
y lo que me duele (porque sé así que existe).
Me gustan los objetos que aquí mido, aquí peso,
y me gustan los hombres que hablan o que callan;
me gusta cuanto existe, lo entienda o no lo entienda,
me gusta simplemente porque está existiendo.
Gabriel Celaya, Tranquilamente hablando, 1947
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Autor
Ver todas las entradasHola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!











