Retirado en la paz de estos desiertos de Quevedo

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By Víctor Villoria

Retirado en la paz de estos desiertos de Quevedo

Fechado en 1639, este soneto de Francisco de Quevedo constituye uno de los más célebres elogios de la lectura y el estudio en la literatura española. El tema central es el retiro intelectual como forma superior de vida, donde el poeta encuentra en los libros una compañía más valiosa y permanente que la de los vivos. El tono es sereno y reflexivo, contrastando con la vehemencia de otros poemas quevedianos, y revela la dimensión humanista del autor barroco que valora el saber y la conversación con los clásicos como bienes supremos.

El primer cuarteto presenta el escenario del retiro mediante imágenes de aislamiento y concentración intelectual. «Retirado en la paz de estos desiertos» sitúa al poeta apartado del bullicio mundano en unos «desiertos», término que no designa necesariamente un lugar árido sino espacios solitarios, alejados de la agitación social. La «paz» enfatiza la tranquilidad que el retiro proporciona. El verso siguiente precisa: «con pocos, pero doctos libros juntos». El poeta no posee una biblioteca inmensa sino selecta: «pocos» libros pero «doctos» (sabios, eruditos), es decir, obras de calidad que contienen verdadero conocimiento. Los dos versos finales del cuarteto desarrollan una paradoja extraordinaria: «vivo en conversación con los difuntos, / y escucho con mis ojos a los muertos». La lectura se presenta como «conversación» con autores fallecidos, sugiriendo que los libros permiten un diálogo vivo con los sabios del pasado. La expresión «escucho con mis ojos» es un oxímoron brillante que fusiona dos sentidos: los ojos leen las palabras escritas pero es como si los oídos escucharan la voz del autor muerto. Los libros hacen hablar a los muertos, resucitan su pensamiento y su palabra.

El segundo cuarteto desarrolla los beneficios de esta conversación literaria. «Si no siempre entendidos, siempre abiertos» reconoce honestamente que los libros no siempre son completamente comprendidos (su dificultad), pero están «siempre abiertos», es decir, siempre disponibles para ser consultados una y otra vez hasta alcanzar la comprensión. Los libros «o enmiendan, o fecundan mis asuntos»: «enmiendan» (corrigen) los errores del poeta, y «fecundan» (hacen fructificar) sus pensamientos, proporcionando nuevas ideas. La metáfora final del cuarteto es particularmente hermosa: «y en músicos callados contrapuntos / al sueño de la vida hablan despiertos». Los libros son «músicos callados» que producen «contrapuntos», es decir, armonías complejas de ideas que se complementan y dialogan entre sí (el contrapunto es la técnica musical que combina varias melodías simultáneas). Estos libros «hablan despiertos / al sueño de la vida»: mientras la vida ordinaria es como un sueño (imagen del tópico barroco de la vida como sueño, que Quevedo comparte con Calderón de la Barca), los libros están «despiertos», es decir, contienen la lucidez y la verdad que falta a la existencia confusa y engañosa.

El primer terceto introduce una reflexión sobre la imprenta como defensora de la memoria: «Las grandes almas que la muerte ausenta, / de injurias de los años, vengadora, / libra, ¡oh gran don Josef, docta la imprenta». Las «grandes almas» son los autores geniales que la muerte ha separado del mundo («ausenta»). La imprenta, calificada como «docta» (sabia, erudita), actúa como «vengadora» que «libra» (libera, salva) a estos autores de las «injurias de los años», es decir, del olvido y la destrucción que el tiempo produce. La imprenta preserva para la posteridad lo que de otro modo se perdería. El apóstrofe «¡oh gran don Josef!» se dirige a José González de Salas, erudito amigo de Quevedo que editó póstumamente varias de sus obras, y a quien el poema está dedicado como reconocimiento de su labor editorial.

El terceto final establece una jerarquía de valores respecto al uso del tiempo. «En fuga irrevocable huye la hora» retoma el tópico barroco del tempus fugit (el tiempo huye): las horas escapan irrevocablemente, no pueden detenerse ni recuperarse. «Pero aquélla el mejor cálculo cuenta, / que en la lección y estudios nos mejora»: sin embargo («pero»), la hora mejor empleada, la que representa «el mejor cálculo» (el mejor uso, la inversión más rentable del tiempo), es aquella que se dedica a «la lección y estudios» (la lectura y el aprendizaje), porque esta nos «mejora», es decir, nos perfecciona moral e intelectualmente. Frente a la fugacidad inevitable del tiempo, el estudio aparece como la única actividad que realmente dignifica las horas vividas, que las transforma en crecimiento espiritual permanente.

Este soneto se inscribe en la tradición del elogio de la vida retirada que se remonta al beatus ille (feliz aquel) de Horacio y que tuvo expresiones memorables en la literatura española renacentista, como la «Vida retirada» de Fray Luis de León. Sin embargo, Quevedo introduce una variante significativa: mientras Fray Luis celebraba el retiro en contacto con la naturaleza, Quevedo celebra el retiro en la biblioteca, en compañía de los libros. Su «desierto» no es el campo sino el estudio, y su paraíso no está en los árboles sino en los volúmenes que contienen la sabiduría acumulada de la humanidad. Esta preferencia refleja el humanismo erudito del Barroco, que veía en los textos clásicos y en la tradición escrita la fuente principal de conocimiento y virtud.

Audio: Víctor Villoria. ✉️

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra, ¡oh gran don Josef, docta la imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta,
que en la lección y estudios nos mejora.

 Francisco de Quevedo, 1639

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente JUBILADO. Mi último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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