Algo sucede de J. A. Goytisolo

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By Víctor Villoria

Algo sucede de J. A. Goytisolo.

En “Algo sucede”, José Agustín Goytisolo deja ver con bastante claridad el clima político del tardofranquismo y de los años que preparan la transición democrática. La dedicatoria a quienes compartieron “el hospedaje” de los Capuchinos de Sarrià remite a la Capuchinada de marzo de 1966, un episodio decisivo de la oposición universitaria e intelectual al régimen, en el que el propio poeta estuvo presente; así, el poema nace ya marcado por una memoria de resistencia organizada, clandestina y colectiva.

Leído en esa clave, el poema traza el paso desde la militancia antifranquista más tensa hacia un tiempo más ambiguo, hecho de desgaste, espera y desencanto. Cuando la voz recuerda reuniones, “pasquines”, “miedo y registros” o “papeleo oscuro”, no solo evoca la represión policial de la dictadura, sino también la rutina gris de una oposición que ha tenido que aprender a convivir con la vigilancia, la censura y la lentitud histórica. Por eso resulta tan expresiva la cadena “de la calle a la oficina / del calabozo al fútbol / y de la espera a la melancolía”: el verso resume cómo la energía combativa puede ir siendo absorbida por la burocracia, la vida adulta o el cansancio, sin que desaparezca del todo la convicción política.

La repetición de “algo sucede” cobra entonces un sentido político muy concreto. Durante el franquismo final, buena parte de la oposición vivió instalada en la sensación de que el régimen parecía eterno y, al mismo tiempo, empezaba a mostrar grietas. El poema recoge admirablemente esa paradoja: “siempre nos decimos que esto acaba” y, sin embargo, “siempre hemos perdido”. La esperanza aparece una y otra vez aplazada, pero no desmentida; más bien se transforma en una forma de lectura de la realidad, en la intuición de que el inmovilismo oficial es solo una apariencia.

Ahí adquiere especial fuerza el giro del poema: “ellos están cansados”. La voz ya no se fija únicamente en la fatiga de los opositores, sino en el agotamiento interior del propio bloque franquista. Es un hallazgo político y literario muy fino, porque el régimen deja de presentarse como un poder compacto y todopoderoso para aparecer corroído por el miedo, por la mala conciencia y por la pérdida de fe en sí mismo. Que “gritan y cantan para no admitirlo”, que “sus camisas mudan de color” o que “duermen mal” sugiere justamente eso: el franquismo mantiene sus gestos de autoridad, pero comienza a transformarse por dentro, a adaptarse, a disfrazarse y a prepararse para sobrevivir de otro modo.

La alusión a que ponen “dinero en Berna o en Manila” intensifica esa lectura. Más que simples referencias exóticas, esos lugares evocan la huida de capitales, la inseguridad de las élites y el reflejo de autoprotección de quienes perciben que el sistema puede resquebrajarse. La imagen de los poderosos que sacan fuera su dinero mientras intentan conservar dentro su dominio suena a final de época: el poema insinúa que el franquismo, aunque todavía represivo, empieza a comportarse como un orden que teme su propio porvenir.

En este contexto, las menciones a “Cuba” y “Angola” son especialmente reveladoras. Durante la Guerra Fría, ambos nombres funcionaban en el imaginario anticomunista como símbolos de la expansión revolucionaria internacional y como escenarios donde el bloque occidental situaba el peligro exterior. El poema desmonta esa lógica al afirmar que el peligro no está “en Cuba ni en Angola”, es decir, no viene de una conspiración lejana ni de una amenaza importada, como pretendía la propaganda del régimen, sino que se encuentra “en su casa”, “en medio de sus hijos”, “en sus despachos y hasta en las iglesias”. La verdadera crisis del franquismo no llega desde fuera, sino desde dentro de la propia sociedad española.

Ese desplazamiento del peligro hacia el interior permite insistir en una de las intuiciones más agudas del poema: la fractura generacional dentro del mundo franquista. Los “prebostes” del régimen, formados en la guerra, en la victoria y en una cultura política autoritaria, conservaban una visión cerrada del poder, del orden y de España; pero sus hijos crecieron ya en un país socialmente cambiante, más urbanizado, universitario y expuesto a nuevas corrientes culturales y políticas. En muchos casos, esos hijos participaron en ambientes críticos, estudiantiles o directamente vinculados a la izquierda, lo que convirtió a la familia franquista en un espacio lleno de contradicciones. Cuando el poema sitúa el peligro “en medio de sus hijos”, no está lanzando solo una imagen eficaz: está señalando que la continuidad biológica del régimen no garantizaba su continuidad ideológica.

Ese detalle es fundamental para leer el poema desde el final del franquismo y la transición. La dictadura no se desgastó únicamente por la acción de una oposición heroica y exterior al sistema, sino también por la erosión interna de sus consensos: en la universidad, en ciertos sectores de la Iglesia, en los ámbitos profesionales e incluso en familias vinculadas al poder. No es casual que el poema incluya “hasta en las iglesias”, porque la propia Capuchinada mostró el alejamiento de sectores eclesiásticos respecto de la dictadura. La transformación era, por tanto, capilar: afectaba a instituciones que habían sido pilares del franquismo y empezaban a dejar de serlo.

Desde esa perspectiva, “Algo sucede” no es solo un poema de resistencia, sino también un poema de diagnóstico histórico. Capta el instante en que la oposición aún no ha vencido, pero el régimen ya no puede presentarse como invulnerable. Y lo hace con una lucidez notable, porque no imagina una caída espectacular e inmediata, sino una descomposición lenta, hecha de cansancio, mutaciones y relevo generacional. En esa mirada encaja muy bien la trayectoria de José Agustín Goytisolo, integrante de la Generación del 50, un grupo marcado por el compromiso moral y político y por la voluntad de contar la historia reciente desde una palabra cercana, crítica y humanísima.

El final, con esos hombres que “creen en la vida” y “mueven el mundo”, resume bien la apuesta del poema. No se trata de un optimismo ingenuo, porque el verso final —“mientras sea posible / o bien pegándolo”— recuerda que los procesos históricos no son limpios ni pacíficos por definición. Pero sí hay una confianza muy nítida en que la historia se estaba decidiendo ya dentro del propio cuerpo social del franquismo, allí donde los padres defendían el orden heredado y muchos hijos empezaban a pensarlo, discutirlo o combatirlo desde posiciones democráticas y de izquierda. En esa tensión entre herencia y ruptura, entre continuidad aparente y cambio profundo, reside buena parte de la potencia política de “Algo sucede”.

A las compañeras y compañeros
con los que compartí el hospedaje
que nos brindaron los Capuchinos de
Sarrià durante tres hermosos
días de marzo de 1966.

Amigos: ya lo veis pasan los años
y parece que ahora
sigan las cosas como el primer día.

Nos hemos reunido ciertas veces
en extraños cafés
en tu casa en la mía
hemos charlado largamente
redactando pasquines hasta el alba
discutido el problema
y siempre nos decimos que esto acaba
que no puede durar
y muchos hemos apostado cenas no sé dinero
a que antes de fin de año algo sucede
y siempre hemos perdido.

Así sin darnos cuenta
entre reunión y papeleo oscuro
entre miedo y registros y porfía
hemos envejecido poco a poco
pasando de la calle a la oficina
del calabozo al fútbol
y de la espera a la melancolía.

Y sin embargo os digo que tenemos razón
y que vale la pena continuar
porque algo está ocurriendo
algo ha cambiado en este espeso ambiente:

ellos están cansados
también están cansados
gritan y cantan para no admitirlo
mas sus camisas mudan de color
y duermen mal
y toman pastillitas
ponen dinero en Berna o en Manila
y no saben no saben que el peligro
está cerca muy cerca
no en Cuba ni en Angola
sino en su casa en medio de sus hijos.
en sus despachos y hasta en las iglesias
porque el mundo camina
con el paso implacable de hombres como vosotros
que creen en la vida y que por eso
mueven el mundo sin pegar un tiro
mientras sea posible
o bien pegándolo.

José Agustín Goytisolo, Del tiempo y del olvido, 1977

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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